La búsqueda constante de bienestar ha instalado una idea poco realista: la de estar bien todo el tiempo. Para Javier Gutiérrez Ornelas, especialista en mindfulness, esta expectativa no solo es inalcanzable, sino que puede generar culpa y desconexión emocional.
“Como seres humanos estaremos viviendo emociones que no nos agradan siempre; no podemos estar en una alegría constante”, explica.
Desde su perspectiva, permitirnos no estar bien implica reconocer que la experiencia humana incluye emociones incómodas que no deben ser rechazadas.

La presión social por aparentar felicidad
El especialista señala que gran parte de esta exigencia proviene del entorno cultural y digital.
“En redes sociales generalmente se publica todo lo favorable, todo lo positivo, y se vende la idea de que siempre tenemos que estar contentos”, afirma.
Cuando una persona no encaja en ese ideal, puede surgir la sensación de que algo está mal. Sin embargo, emociones como la tristeza, el miedo, la envidia o los celos forman parte de una gama emocional normal.
Abrazar la emoción en lugar de rechazarla
Desde el enfoque del mindfulness, la propuesta no es evitar lo desagradable, sino aceptarlo.
“Como seres humanos podemos vivir estas emociones y eso está bien”, sostiene Gutiérrez Ornelas.
Para él, una felicidad más profunda se construye al permitir todas las emociones, no solo las agradables.
Esto implica validar lo que se siente en el momento en que aparece, sin evadirlo ni exagerarlo.
“Validar una emoción es permitir que se despliegue sin rechazarla, sin evadirla, sin reprimirla y sin dejarnos llevar por ella”, explica.

El papel del cuerpo y la respiración
Una herramienta clave es la atención al cuerpo.
“Tratar de mantener la respiración y notar la tensión corporal permite darle espacio a la emoción para que se desarrolle”, señala el especialista.
Al observar dónde se siente la emoción y cómo se manifiesta físicamente, se evita reaccionar de forma automática.
“Cuando vivimos la emoción, generalmente va a desaparecer en unos segundos, porque las emociones son procesos muy cortos”, puntualiza.
Cuándo la emoción requiere atención adicional
Gutiérrez Ornelas aclara que no todas las emociones incómodas son un problema. Sin embargo, hay señales de alerta.
“Si notamos que la emoción continúa y nos lleva a ser disfuncionales, entonces tal vez ahí requerimos algún apoyo, como un terapeuta”, indica.
El conflicto surge cuando se intenta suprimir lo que se siente de inmediato.
“Si en automático queremos estimularnos comiendo, viendo redes sociales o distrayéndonos, ahí es donde caemos en una felicidad superficial”, advierte.

La felicidad forzada y sus consecuencias
Este tipo de evasión suele presentarse disfrazada de optimismo. “Forzar una felicidad que no es genuina termina generando más daños que beneficios”, señala. Desde su visión, las emociones incómodas cumplen una función: “Toda emoción nos avisa que hay algo que trabajar en nosotros o en el entorno”.
Permitir sentir, observar y dejar pasar la emoción abre la puerta a un estado de mayor calma.
“Nos daremos cuenta de que solo es una emoción que no tiene mayor trascendencia y que, cuando termina, nos permite estar en calma”, concluyó.