El número de personas que han presentado afectaciones a la salud tras el derrame de hidrosulfuro de sodio provocado por el descarrilamiento de un tren de carga en Naco, Sonora, aumentó a seis, informó el alcalde Lorenzo Villegas Vázquez.
Los pacientes han recibido atención médica en distintas unidades de Naco, Cananea y Agua Prieta por síntomas relacionados con una posible intoxicación.
Mientras Ferromex sostiene que no existen personas afectadas por el incidente, el presidente municipal señaló que personal de la Secretaría de Salud estatal le confirmó que al menos seis personas han sido atendidas por mareo, dolor de cabeza, dolor de estómago, náuseas y dificultades para respirar.
Entre los casos se encuentra el de Luis Arturo Ozuna Vázquez, de 53 años, quien permanece hospitalizado en Nogales.
La Secretaría de Salud reconoció su internamiento, aunque las autoridades esperan los resultados de los análisis de laboratorio para determinar si su estado de salud está relacionado con la exposición al derrame, ya que también labora en una empresa donde se manejan sustancias químicas.
Esperan resultados de los estudios
De acuerdo con el alcalde, brigadas de la Secretaría de Salud realizaron estudios clínicos a las personas que reportaron síntomas desde que ocurrió el accidente.
Sin embargo, a diez días del derrame, las autoridades no han dado a conocer los resultados de esas pruebas ni de los análisis efectuados a la flora, la fauna, los pozos y las aguas superficiales de la zona.
El descarrilamiento del ferrocarril generó una emergencia ambiental en el ejido Cuauhtémoc, la comunidad más cercana al lugar del accidente. La preocupación entre los habitantes aumentó tras las lluvias registradas en la región, debido a la posible reacción del hidrosulfuro de sodio con el agua.
Vecinos de la comunidad relataron haber percibido un fuerte olor similar al de huevo podrido o una fosa séptica, además de presentar molestias físicas tras la exposición a los vapores.
Habitantes dedicados a la ganadería también expresaron incertidumbre por los posibles efectos que el químico pueda tener sobre el medio ambiente y el ganado que permanece en la zona.