Un fósil de un pequeño reptil de hace unos 289 millones de años ha permitido a científicos reconstruir uno de los sistemas de respiración más antiguos en tierra firme, arrojando luz sobre un proceso evolutivo clave que aún compartimos los humanos.
El hallazgo, liderado por investigadores de la Universidad de Harvard y la Universidad de Toronto, fue publicado en la revista Nature.
Un lagarto clave en la evolución
El fósil corresponde a Captorhinus aguti, una criatura similar a un lagarto que habitó durante el período Pérmico y que murió en una cueva en lo que hoy es Oklahoma, en Estados Unidos.
De apenas unos centímetros de longitud, el ejemplar presenta un estado de conservación excepcional, ya que mantiene huesos, piel, cartílago calcificado e incluso restos de proteínas.
Según explicó Ethan Mooney, este reptil es fundamental para comprender la evolución temprana de los amniotas, grupo que incluye a reptiles, aves y mamíferos.
Gracias al uso de avanzadas técnicas de imagen, los científicos lograron reconstruir el sistema respiratorio del animal, identificando la llamada respiración costal, que utiliza los músculos entre las costillas para expandir y contraer la caja torácica.
Este mecanismo representó una innovación decisiva en la evolución, al permitir una respiración más eficiente que la de los anfibios, facilitando así la vida completamente terrestre.
“Fue un cambio decisivo que permitió a estos animales adoptar un estilo de vida mucho más activo”, destacó Mooney.
Además de su relevancia evolutiva, el fósil sorprendió a los investigadores por la presencia de restos de proteínas originales, algo nunca antes documentado en fósiles de la era Paleozoica.
Estas moléculas son casi 100 millones de años más antiguas que las previamente encontradas en restos de dinosaurios, lo que amplía significativamente el conocimiento sobre la conservación de tejidos blandos a lo largo del tiempo.