A partir del 1 de enero, entró en vigor el incremento al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicado a refrescos y bebidas azucaradas, una medida que ya comienza a reflejarse en el bolsillo de consumidores y, sobre todo, en el de pequeños comercios como misceláneas y restaurantes, que en muchos casos están optando por absorber el costo para no perder clientela.
El empresario restaurantero Luis Pinete señaló que, aunque el tema se ha planteado como una acción de salud pública, en la práctica representa una afectación directa para los compradores y para los negocios minoristas.
Explicó que en restaurantes con menús establecidos no es viable modificar precios de manera constante, por lo que en una primera etapa el incremento se asume internamente; productos como el refresco, que antes representaban un margen de ganancia, hoy se venden con precios elevados, en algunos casos entre 47 y 50 pesos, sin que ello signifique mayor utilidad para el prestador del servicio.
Por su parte, el presidente de la Cámara de Comercio de Altamira, César Sánchez Aguilar, advirtió que las tiendas de abarrotes y misceláneas son las más afectadas, ya que su ganancia por unidad es mínima y el aumento impacta directamente en sus ventas.
Indicó que, además del impuesto a bebidas endulzadas, se ha detectado un incremento generalizado de entre 10 y 15 por ciento en productos de la canasta básica, como aceite, azúcar, verduras y otros insumos, aumentos que difícilmente se revertirán.
Ambos coincidieron en que, aunque el consumidor sigue comprando por necesidad o costumbre, el nuevo impuesto presiona la economía familiar y la de los pequeños negocios, que carecen del margen financiero de las grandes cadenas.