La historia de Manuel Hernández Otero es reflejo de la lucha diaria que enfrentan muchas personas cuando una enfermedad cambia por completo su rumbo laboral y económico.
Manuel relata que, tras años de trabajo, se vio obligado a dejar su empleo debido a un problema en la columna que le impidió continuar con sus labores. A pesar de haber buscado el apoyo correspondiente, asegura que no logró obtener una pensión por invalidez, lo que lo dejó sin ingresos fijos.
“Yo tenía mi trabajo, mi sueldito por semana, pero por mi enfermedad ya no pude seguir, y el seguro no me quiso dar la pensión. Entonces uno tiene que buscar cómo salir adelante”, expresó.
Ante la falta de oportunidades formales, encontró en las calles una alternativa para subsistir como “viene viene”, actividad que no le es ajena, ya que desde joven se desempeñó como velador. “Este trabajito no lo desconozco, sé ganarme la vida”, comenta con determinación.
Su llegada a este oficio fue posible gracias al apoyo de un conocido, un adulto mayor que ya laboraba en la zona y quien le ofreció integrarse. Desde entonces, Manuel se gana el sustento diario ayudando a automovilistas.
A lo largo de su vida laboral, asegura haber sido una persona responsable y puntual, cualidades que le permitieron mantener buenas relaciones con sus antiguos jefes y compañeros. Incluso hoy, algunos de ellos lo reconocen y le han ofrecido oportunidades de trabajo; sin embargo, su condición de salud y las limitaciones administrativas han impedido que pueda reincorporarse.
“Muchos me dicen que me vaya a trabajar con ellos, pero cuando ven lo del seguro, ya no se puede. Eso sí es triste”, lamenta.
Señala que, aunque la situación no es fácil, continúa buscando salir adelante día con día, apoyándose en la experiencia adquirida durante años de trabajo y en la voluntad de no rendirse.
Su testimonio pone en evidencia los retos que enfrentan quienes, por motivos de salud, quedan fuera del sistema laboral formal, pero aun así buscan alternativas dignas para sostenerse.