A sus 70 años, cumplidos el pasado 25 de junio, Guillermo Jasso de la Rosa, conocido cariñosamente como Don Memo, no conoce el significado de rendirse. Con una sonrisa forjada por décadas de trabajo bajo el sol, este hombre originario del Ejido Francisco I. Madero de Jaumave, Tamaulipas, se ha convertido en una pieza fundamental del embellecimiento de Ciudad Victoria.
A propósito del Día del Abuelo, que se conmemora este 28 de agosto, nos refiere que su camino no ha sido fácil, pero siempre ha estado marcado por la constancia. A pesar de haber concluido solo hasta el tercer grado de primaria, su ética laboral lo llevó a recorrer distintos caminos: desde trabajar nueve años en las desaparecidas tiendas Conasupo en la Sierra Madre Oriental, hasta probar suerte como ayudante de albañil en la capital tamaulipeca y retornar al comercio en Palmillas.
Sin embargo, fue en el servicio público donde encontró su vocación definitiva; ingresó como trabajador sindicalizado al Departamento de Parques y Jardines de la Secretaría de Servicios Públicos, donde suma ya 16 años de labor ininterrumpida.
Su huella ha quedado plasmada en emblemáticos lugares de la ciudad: desde el parquecito en Lomas del Santuario hasta el tradicional Paseo Méndez, y recientemente, en diversos puntos de la localidad.

"Yo, como jardinero, hago trabajos de todo tipo: cortes de pasto, podas de árboles, barrido de basura utilizando machete, palo y rastrillo", relata con sencillez.
El trabajo bajo las altas temperaturas de Victoria exige una estrategia diaria. Don Memo explica que comienza sus jornadas muy temprano para aprovechar la sombra de los árboles, antes de que el sol convierta el adoquín en una superficie demasiado caliente.
"Siempre cargo mis botellitas de agua en la mochila y mi lonche", comparte, mientras ajusta sus herramientas.
Aunque reconoce que el camino hacia la jubilación es largo, le faltan 10 años para completar los 27 ininterrumpidos que requiere para retirarse; su espíritu sigue intacto.
"Me falta bastante, pero a ver cuánto aguantamos", comenta con la entereza de quien sabe que su esfuerzo diario hace que la capital tamaulipeca luzca un poco mejor para todos.
Don Memo es, sin duda, un ejemplo de trabajo y dedicación; un hombre que, con rastrillo en mano, sigue sembrando orgullo en cada rincón de la ciudad.