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Recuerda comandante Palomares la furia y devastación del Gilberto

Por: Olivia Martínez

16 Septiembre 2026, 07:55

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A 38 años de la tragedia, Guadalupe Palomares rememoró su labor como paramédico al hacer frente a la furia de la naturaleza que se desató en el Huracán Gilberto

En los 35 años que trabajó en la Cruz Verde de Monterrey, el hoy excomandante Guadalupe Palomares salvó cientos, o miles, de vidas...

Pero las maniobras de rescate en el Huracán Gilberto, en 1988, lo marcaron para siempre.

Él no lo dice, no, pero es uno de esos héroes sin capa que, por su trabajo como paramédico, enfrentó al peor huracán del Siglo XX, el más devastador.

La furia de la naturaleza comenzó en Nuevo León la noche del viernes 16 de septiembre, hasta golpear con toda su fuerza la madrugada del sábado 17.

En entrevista, recuerda que él y sus compañeros paramédicos habían sido acuartelados desde tres días antes.

Hoy, a 38 años de esa tragedia, que dejó cifras incalculables de muertos y damnificados, y mucha destrucción, él recuerda cómo se despidió de su mamá.

"Le dije: me voy a ir. Me decía mi madre: "¿Y cuándo vienes?", no sé, es más: no sé si vuelva". Ahí fue cuando empezó a llorar y empecé a llorar yo", dice.

--¿Eso fue lo más doloroso?, se le pregunta.
--Pues sí, pero era el trabajo y el trabajo era primero que nada. Y más éste", aclara.

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Lo comisionaron en la zona Sur de Monterrey.

"Ahí rescatamos una familia del Arroyo Seco y la llevamos a una casa, por ahí, por Hilario Martínez y Laguna de Tamiahua, un tejabancito color verde, me acuerdo bien, de ahí nos hablan y nos indican que nos muévamos al Río Santa Catarina", refiere.

"Nos dicen  que de aquel lado, del lado de Morones, en una portería (de futbol), está un muchacho atrapado en una portería, dimos la vuelta, llegamos, no nos metimos, el agua estaba demasido fuerte, nos aventó dos veces hacia afuera, ni pudimos llegar, se lo lleva la corriente a él, no lo volvimos a ver",  dice.

Y seguía el drama de la impotencia, porque ni la ciudad, ni sus corporaciones estaban preparadas.

"De ahí, yo pedí la escalera telescópica para llegar y nos dijeron que estaba ocupada con unos autobuses en San Pedro... llegamos y, sí, efectivamente estaban los autobuses atrapados, había gente arriba del autobús en los techos, había, me acuerdo muy bien y nunca se me va a olvidar, un señor que traía su pañalera colgando con un bebé cargando en los brazos y nos hacía señas, no pudimos nunca llegar", lamenta.

"Otro señor, en una de las paredes del Río, estaba agarrado de un huizache, ahí duró  muchísimo tiempo, nosotros llegamos ahí, serían, yo creo, las 8 de la noche, y eran las 5 de la manaña y el señor todavía estaba ahí,  nunca se soltó, siempre estuvo ahí: soportando el agua y el aire", destaca.

Y así recuerda a los pasajeros de los autobuses varados.

"Sacaban pañuelos por las ventanas, otros estaban ya arriba", reseña.

Una decisión errónea de la entonces Policía Judicial  truncó la vida de cuatro agentes.

"La intención era que entrara primero Cruz Verde y Bomberos a hacer el rescate, pero llega el Grupo Cobra, el comandante César (Cortés), y nos dice: "Nosotros nos vamos a encargar, nosotros estamos capacitados para eso, sálganse ustedes". Siendo él con mayor jerarquía, nos hicimos a un lado, se suben al traxcavo y entran, no sé, el error, el descuido, no sé, fue que ellos entraron en la corriente, entraron derecho hacia los autobuses, debían haber entrado arriba y entrar en diagonal para llegar al autobús, para que el agua los empujara, y al salir, salir nuevamente igual, pero ellos entraron derecho, y al entrar derecho, el agua los tapó", afirma.

Nadie de los que lo atestiguaron puede olvidar ese triste episodio.

"Hicieron una represa y la misma agua los sobrepasó, y fue cuando cayeron las personas y se fueron por el río", explica.

"A la altura de Santa Bárbara, es donde está el traxcavo, donde falleció César Cortés... era demasiada la fuerza del agua. De hecho, el operador del traxcavo, y un ministerial fallecieron ahí arriba del traxcavo amarrados, porque ellos estaban amarrados,  iban amarrados", asegura.

"Aparte que el río traía tanques de gas, carros, traía demasiadas  cosas arrastrando, hasta láminas, yo alcancé a ver el techo de una casa arrastrado, el techo en sí, y lo llevaba el río",  sostiene.

Después, vio muchos cadáveres.

"Pero se veían como si fueran uos monitos  pequeños... No, no, no, era un mundo de agua. Poquito faltó para que se desbordara. Después se empezó a desazolvar, a sacar tierra y escombro y fue cuando empezaron a aparecer más cuerpos, empezaron a escarbar y aparecieron los que estaban enterrados. Y fue orden de gobierno: "¿Sabes qué? Ya no le muevas, tápale, y así se queda".  Es que manejan la cifra de 200 muertos, no es cierto, no es cierto. Nomás en los puros autobuses, cuánta gente iba, eran cinco autobuses", relata.

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El país estaba en pañales en Protección Civil.

"No teníamos la preparación, ni el equipo para entrarle a una situación de este tipo", aclara.

El efecto fue desvastador.

"Treinta y ocho años han pasado y parece que fue anoche, espero que nunca se vuelva a repetir, ya estamos preparados", afirma.

Sí, eso deseamos todos: que nunca se repita.

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