Mientras para muchos regresar a clases significa simplemente tomar la mochila y caminar unos cuantos metros hasta la escuela, para estos niños estudiar significa recorrer kilómetros, enfrentar caminos difíciles y vencer carencias en el plantel educativo.
Es la comunidad del Charco de la Anacua, en Montemorelos, Nuevo León, hay una maestra que todos los días demuestra que la vocación no conoce obstáculos, su jornada no comienza frente a un pizarrón, comienza al volante.
Ella es la maestra Guadalupe Noz Ortegón, pero todos le conocen como Lupita, ella les imparte clases, pero antes pasa por ellos a su casa, recorre 40 kilómetros para llegar a la escuela comunitaria y después regresarlos a casa.

Y lo hace a bordo de una vieja camionetita modelo 1985 a la que bautizó como “La Chilindrina”, le puso así porque es llorona, pero, sobre todo, porque no se raja.
Cada mañana, Lupita batalla para ponerla en marcha.
La apaga y la vuelve a encender, una y otra vez, el camino es un calvario, pero lo hace con mucho corazón para llegar por sus alumnos, porque detrás de ese volante van 20 pequeños que esperan llegar a la escuela.

Pero el camino no termina cuando llegan al plantel, porque ahí inician otras carencias, no tienen luz y tampoco agua.
Y aun así, Lupita no se detiene y sus alumnos tampoco.
Todos los días recorren esos 40 kilómetros de ida y vuelta, y es la prueba de que cuando existen ganas de salir adelante, ni un camino difícil, ni una camioneta con fallas, ni la falta de servicios pueden apagar el deseo de estudiar.

