¡Qué calor! Así lo vive una familia en El Ranchito
Por:Olivia Martínez
22 Julio 2026, 05:00
Compartir
Las familias de El Ranchito viven en antiguos tejabanes de lámina, rodeados de basura, escombros y condiciones de constante insalubridad
En el municipio de Guadalupe existe una comunidad que permanece sumida en la pobreza extrema desde hace más de cuatro décadas: El Ranchito.
En este asentamiento irregular, el progreso nunca llegó y el acceso a servicios básicos como el agua entubada continúa siendo una promesa pendiente para sus habitantes.
Las familias de El Ranchito viven en antiguos tejabanes de lámina, rodeados de basura, escombros y condiciones de constante insalubridad.
Durante la temporada de altas temperaturas, los techos de lámina transforman las viviendas en verdaderos hornos, obligando a los vecinos a buscar alternativas extremas para mitigar los sofocantes golpes de calor.
Para enfrentar el calor sofocante, niños y adultos recurren a un método improvisado: echarse jicarazos de agua en la cabeza directamente de los tambos donde almacenan el líquido.
"Está sabrosa, apenas así nos la pasamos. Dependiendo del calor, y si está muy fuerte, lo hago dos o tres veces al día", relata don Leonardo, habitante del predio, mientras se refresca junto a su nieto Justin.
Al ser cuestionado sobre las condiciones climáticas del lugar, el vecino es enfático sobre la sensación térmica dentro de los tejabanes: "Aquí sentimos como entre 45 y 50 grados de calor".
La supervivencia diaria en El Ranchito depende por completo del abastecimiento mediante pipas municipales, un servicio que no siempre mantiene una frecuencia regular.
Frecuencia de las pipas: En ocasiones acuden cada 8 días, pero a veces el suministro se demora hasta 15 días.
Almacenamiento promedio: Las familias reciben aproximadamente cuatro tanques para uso general y un contenedor pequeño dentro del hogar para consumo humano.
Consumo medido: Los habitantes deben racionar al máximo cada litro para garantizar que el líquido no falte antes de la siguiente visita de la pipa.
La mayoría de los residentes de este sector se dedicaban históricamente a la recolección en carretas tiradas por caballos. Tras la prohibición del uso de animales de tiro en la entidad, los pobladores han tenido que adaptarse para recolectar desechos por sus propios medios, conviviendo a diario entre montones de basura y residuos acumulados.
Entre los desperdicios, los niños de la comunidad suelen buscar artículos funcionales con la ilusión de encontrar alivio contra el clima. Sin embargo, las oportunidades son escasas. "Cuando tiran un abanico es porque de plano ya no sirve", lamenta don Leonardo.
Sin acceso a energía eléctrica estable ni aparatos de ventilación, la única estrategia para refrescar los tejabanes consiste en mantener las puertas abiertas y buscar refugio en la banqueta en cuanto cae la sombra.
"Nos han querido cerrar el acceso, pero les decimos que es el único aire y la única salida que tenemos", aclara el habitante.
A medida que avanza la temporada estival, la preocupación crece en El Ranchito, donde los días de calor más severos aún están por llegar.