Martín pide ayuda; se arrastra sin poder salir de su casa

Imposibilitado para valerse por sí mismo, Martín solicita el apoyo de la ciudadanía para salir adelante ante la precaria condición en la que vive

Martín necesita ayuda. Se arrastra en el suelo y su cuerpo se llena de llagas. Come cuando su hermana lo visita, pero el resto del tiempo está solo. Encerrado en su casa, lleva 15 días durmiendo en el suelo, pues a sus piernas se les terminó las fuerzas.

“Necesito que las personas que me vean o la que tenga buen corazón que me echen la mano con una despensa, una pastilla, medicamento, pañales, necesito pañales”.

Vive en la casa 1535 de la privada Laurita Barragán de Elizondo, en la colonia Altamira, al sur de Monterrey.

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Diez gradas hacia la colina separan su casa de la calle principal. Si desea bajar debe pagar 100 pesos para que le ayuden y 200 cuando desea subir de regreso a su casa, pues a cada persona le da 50 pesos.

En el pasillo de su casa hay algunas plantas, adentro, las botellas con orines, platos desechables usados y basura se mezclan con dos sillas de ruedas y aparatos con telarañas que le regalaron sus familiares. También hay un sillón y una cama con sábanas echadas a perder por lo sucio, porque él, ya no puede usarlos.

“Ya tengo como dos semanas acostándome en el piso, ya no aguanto. Ya no me puedo subir a la cama porque, como no hago ejercicio, las rodillas se me atoran acá”.

José Martín Rodríguez tiene 59 años. Trabajó 28 años de chofer de camión y recorrió el país dejando fletes hasta el 2011. La sensación a libertad en la carretera, ahora es un sueño.

En 2012 cayó en una casa sin techo que aún se puede ver antes de llegar a donde él vive.

“Me abrí la cabeza, el cuello aquí, me quebré la médula. No hay ni para nada, nada, aquí tomo pura agüita caliente, ahorita con estos calorones”.

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Sabe que necesita la ayuda, por ello permite mostrar lo deteriorado de su casa. Aunque le hubiese gustado tener un rastrillo, pues su barba canosa no le gusta, pero si no tiene para medicinas, menos para esos lujos.

En días malos, desea la muerte, pero en los días buenos, se vuelve el mejor comediante y se ríe con él.

La soledad es su mayor reto, agradece a su hermana, vecinos y sobrina que lo ayudan, pero los amigos lo dejaron. Tiene fe, aunque a veces reniega a Dios su vida, su fe le da esperanzas.

“Creo que soy una persona fuerte, yo solo me hago reír, yo solo me cuento chistes, yo sólo me río, eso es lo que le saco a la vida…”.

José Martín Rodríguez necesita Gabapentina en cápsulas de 400 miligramos para el dolor, pañales para adulto, una despensa y compañía.

El número de su sobrina es el 8131388828, para quienes deseen ayudar.

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Se queda sentado en su pasillo, aprovechando que alguien llegó y le llenó una cubeta para bañarse, debe aprovechar esos momentos y lavar sus heridas debajo de las calcetas rotas y la ropa sucia.

Aún así, no pierde la fe, confía que Dios no lo dejará solo.

En su casa hay un pequeño altar dedicado a su mamá, la extraña. 

“Ya nada es igual cuando se mueren tus padres”, dice en lo que empieza a quitarse la ropa aprovechando que empieza de nuevo su soledad.


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