Durante la caminata por el autismo en el centro de Monterrey, entre los gritos y consignas por parte de los participantes, entre las familias se pudieron ver diferentes carteles contando sus historias, entre ellas las de Mateo y Jean Carlos.
Uno de los mensajes que destacó entre la multitud fue el de Mateo: "Mi vida era gris hasta que Mateo le agregó colores".
Un reflejo directo del impacto que ha tenido en la vida de su madre, quien compartió su emoción.
“Mateo es un niño muy introvertido, es un niño especial en mi vida, sí llenó mi vida de colores como lo muestran en el cartel, pues es todo para mí y aquí estoy dando todo para él, siempre para apoyarlo”.

A unos pasos, otro cartel narraba la historia de Jean Carlos, acompañado de un llamado a terminar con la discriminación para jóvenes como él.
“Es una persona de un corazón muy amable, no agrede ni nada, eso sí, es muy amoroso con sus abuelas y con todos, quiere darte besos cada rato, pero sí es muy sensible también cuando siente como que no lo incluyen”.
La exigencia de inclusión fue una constante durante la caminata.
En el caso de Jean Carlos, el reto fue aún mayor al buscar acceso a la educación.
“Batallé mucho porque no me lo aceptaban en ninguna escuela, eso es lo más duro que te puede pasar como mamá, ir a seis escuelas y que te digan no, no, no, no”.
Hoy, su panorama es distinto.
“Gracias a Dios ahorita vivimos acá en San Bernabé y nos va muy bien con la escuela que nos aceptó y la maestra de apoyo y la maestra de planta que él tiene, la maestra Salma, se la agradezco tanto, pues gracias a Dios vamos avanzando mucho”.
Entre pancartas, colores y voces que no dejaron de alzarse, las historias de Mateo y Jean Carlos se convirtieron en símbolo de una lucha que sigue vigente: la de la inclusión, el respeto y la empatía.