Con el balón pegado a los pies y el cronómetro marcado por los semáforos, Víctor Bonilla y Roger Fernández han encontrado una forma de ganarse la vida sin alejarse de la pasión que los unió: el
futbol.
Amigos desde hace años y compañeros en el equipo de futbol amputado Guerreros Aztecas, ambos pasan jornadas de más de diez horas realizando demostraciones de dominio de balón en cruceros del centro de Monterrey, donde reciben el apoyo de automovilistas y peatones.
Originarios de la Ciudad de México, llegaron a Nuevo León en busca de mejores oportunidades económicas. Hoy, entre luces rojas y verdes, convierten su habilidad deportiva en una fuente de ingresos para sostener a sus familias.
“Fue por necesidad para solventar gastos de la familia que decidimos hacer esto. Yo tengo casi un mes en la ciudad aquí trabajando, venimos por temporada”, relató Víctor.
La historia de ambos está marcada por la adversidad. Roger perdió la pierna derecha y Víctor la izquierda a consecuencia de distintos accidentes. Sin embargo, lejos de abandonar el deporte, encontraron en el futbol amputado una nueva motivación y una forma de seguir adelante.
“Lo mío fue un accidente y al hacer esta actividad proviene que jugamos futbol de amputados y ahí nos conocimos. Por la necesidad nos dimos cuenta que podíamos dominar el balón y llevarlo a los semáforos”, explicó Roger.

La sincronización es parte fundamental de su rutina. Conocen a la perfección la duración de cada semáforo y aprovechan cada segundo de luz roja para mostrar sus habilidades antes de que el tráfico vuelva a avanzar.
Más que una actividad económica, aseguran que el futbol les permite mantenerse activos física y mentalmente.
“Más bien es el sustento. Todos debemos tener diferentes metas, pero esto nos mantiene activos. Como estamos nueve o diez horas en el semáforo, el futbol nos mantiene activos; si no, estaríamos gordos”, comentó Roger.
En medio del ambiente futbolero que vive el país en fiesta mundialista, ambos reconocen que el deporte genera mayor empatía entre la gente, aunque su principal motor sigue estando lejos de las canchas.
“Para mí la motivación es mi familia para poder salir adelante. El Mundial es un extra, un plus ahorita, pero qué le podemos hacer, seguir trabajando nada más. La inspiración del Mundial invita a que la gente nos dé una moneda”, expresó Víctor.

Así, cada luz roja y cada moneda que cae en sus manos representa una nueva oportunidad de sacar adelante a sus seres queridos mientras ambos se desplazan junto a sus sueños por los semáforos del centro de Monterrey.