Como si el tiempo no hubiera avanzado, habitantes de comunidades de Cadereyta y Los Ramones cruzan diariamente en balsa el Río San Juan ante la falta de un puente que los conecte.
Niños, madres de familia y adultos mayores se trasladan de un lado a otro utilizando chalecos salvavidas, sin otra alternativa, mientras las autoridades permanecen ausentes.
El problema se originó en 2020, cuando la tormenta Hanna destruyó el puente vehicular de Las Alazanas, a la altura del ejido El Tepehuaje, dejando incomunicadas a estas comunidades.

Desde entonces, alrededor de 700 personas —500 de Cadereyta y 200 de Los Ramones— enfrentan diariamente el riesgo de cruzar el río. La falta de infraestructura ha provocado que muchos niños dejen de asistir a la escuela, adultos mayores suspendan consultas médicas y familias enteras tengan dificultades para atender sus actividades básicas.
Uno de los casos más impactantes es el de Irasema, una niña de nueve años que, ante la necesidad, aprendió a dirigir la balsa, el único medio de transporte disponible.
“Estoy moviendo la lancha, vamos al otro lado del río”, relata mientras ayuda a otros habitantes a cruzar en la embarcación improvisada.
La balsa, sostenida por cuerdas sujetas a extremos del río, avanza únicamente con el esfuerzo de quienes la abordan. El trayecto implica riesgos constantes, ya que el Río San Juan alcanza cerca de 100 metros de ancho y hasta 12 metros de profundidad en algunos puntos.
Habitantes como Alfonso Cervantes Machorro, quien facilita la balsa, explican que el equilibrio depende de la fuerza y coordinación de los usuarios, lo que ha provocado caídas y accidentes.
“El mecate te puede tumbar si no lo manejas bien. Mucha gente se ha caído”, advierte.

El peligro es una constante. Una madre de familia relató que en una ocasión cayó al agua tras enredarse con las cuerdas, mientras que adultos mayores, como doña Elvira, de 82 años, han tenido que cruzar caminando dentro del río cuando no hay quien opere la balsa.
Ante la falta de opciones, algunos optan por rodear por el punto de El Carrizo, lo que implica un trayecto de hasta hora y media, siempre que cuenten con vehículo.
“Cuando tengo cita médica, mejor la pierdo porque es muy lejos”, señaló una habitante.
Además, el propio balsero ha resultado lesionado en accidentes, lo que agrava la situación cuando no hay quien opere la embarcación.

Los habitantes denuncian que, pese a promesas de autoridades municipales, no se ha concretado la reconstrucción del puente. En enero pasado, los alcaldes Carlos Rodríguez y Lizette Leal Ríos anunciaron el proyecto, sin que hasta ahora haya avances.
El puente no solo conectaría a estas comunidades, sino que también facilitaría el tránsito hacia municipios como General Terán, Bravo y China.
Mientras tanto, la exigencia de los habitantes es clara: la construcción urgente del puente que les permita dejar atrás el riesgo diario de cruzar el río.
