El robo a la propia familia, el incendio del hogar, la pérdida de empleos y el abandono de los estudios son las marcas de un pasado compartido.
Para Alejandro de la Cruz y Norman González, el consumo de sustancias no solo destruyó sus proyectos personales, sino que fracturó sus vínculos más sagrados. Hoy, desde el centro de rehabilitación 'Guerreros de Luz', ambos buscan reconstruir sus vidas sobre las cenizas de sus errores.
Pasa Alejandro por ocho procesos de internamiento
A sus 26 años, Alejandro de la Cruz conoce bien el ciclo de la recaída; ha pasado por ocho procesos de internamiento.
Sin embargo, esta última vez es distinta: el apoyo que su madre solicitó para ingresarlo fue su último acto de amor. Alejandro entró al anexo buscándola a ella, pero ya no la verá salir. Ella falleció mientras él intentaba sanar.
'Andaba robándole a mis padres, les faltaba al respeto a ellos y a los vecinos. Mi adicción era sucesiva; ya no trabajaba, solo me tiraba al vicio', confiesa Alejandro con el peso del arrepentimiento.

A pesar de haber perdido su principal pilar, hoy se mantiene sobrio y colabora en el centro. Su sueño es estudiar Contabilidad, pero la orfandad lo ha dejado sin recursos económicos.
'Ahora que no tengo a mi papá ni a mi mamá, el apoyo me lo brindan aquí. Quisiera estudiar, pero hoy mi realidad es trabajar para salir adelante'.
'Casi quemo la casa con mi madre adentro'
Para Norman González, de 32 años, el fondo llegó envuelto en llamas. En medio de un episodio de consumo, un accidente con un bote de thinner provocó una explosión que casi consume su casa y le dejó quemaduras de segundo grado en las piernas.
'Casi quemo la casa con mi madre adentro. Ella está enferma de diabetes y la puse muy mal. Ella no quería internarme', relata Norman, quien también recuerda con vergüenza cómo llegó a quitarle el plato de comida a su madre o a gritarle sin sentido.
