“Esa cara de decir: ‘Viste, mamita, lo logré, lo logré yo solita’. Eso para mí… mira, pudieron haber sido 400 horas y yo las hubiera hecho con tal de tener esa cara”, dice Paola Villanueva, mamá de Ana Victoria, al recordar las largas jornadas que pasó junto a su familia para construir la silla de ruedas impresa en 3D que hoy acompaña a Ana Vi, como la llaman de cariño.
Ángel Luna, papá de la pequeña, coincide en que todo el esfuerzo valió la pena al ver a su hija sonreír en una silla hecha especialmente para ella.
“Dimensiona 300 horas, es muchísimo. Entonces, que haya hecho eso una extensión para Ana Victoria, para poder ser ella misma, es impresionante”, expresó.

Ana Vi sabe perfectamente que la silla fue creada para ella. Al preguntarle si le gustó, respondió con seguridad: “Sí”. También la identifica de inmediato por sus colores: es arcoíris.
Ana Victoria nació con parálisis cerebral. Hasta hace poco utilizaba una silla clínica tradicional, grande y poco práctica para que una niña de apenas dos años pudiera desplazarse por sí sola. Sus padres buscaron alternativas en México, pero no encontraron opciones adecuadas.
Fue entonces cuando conocieron a Make Good, una organización que desarrolla sillas de ruedas modulares totalmente impresas en 3D para niñas y niños de entre 2 y 8 años.

Aunque los diseños eran gratuitos y de código abierto, no existía alguien que fabricara este tipo de silla en México. Sin embargo, las ganas de brindarle una mejor calidad de vida a Ana Vi fueron más fuertes.
Paola y Ángel decidieron hacerlo por su cuenta: consiguieron una impresora 3D, aprendieron sobre impresión, reunieron materiales e incluso realizaron una recaudación para financiar el proyecto.
“Cuando tu hijo tiene una necesidad, vas a querer cubrirla. En este caso, mi hija tiene la necesidad de querer ser parte, de querer convivir, y yo tenía que cubrir esa necesidad. No veíamos a alguien que confiara 100 por ciento en nosotros, 100 por ciento en el proyecto, por miedo o por lo que tú quieras, y fue entonces que después de unos meses le dije a mi esposo: ‘Pues vamos a hacerla nosotros’”, contó Paola.

Su esposo recordó que el proceso fue largo.
“Aproximadamente fueron como cuatro semanas de impresión, día y noche. Había piezas que tardaban 40 horas, como las llantas, o sea el hule de las llantas. Entonces era parar la máquina, volverla a poner; la humedad del ambiente… perdimos varias piezas”, relató.
La silla fue construida con 29 placas, cada una integrada por entre una y cuatro piezas. Al momento de ensamblarla, toda la familia participó, incluidos los abuelos, para dar vida a la silla arcoíris de Ana Vi.

Ahora, Ana Victoria comienza un nuevo camino hacia una mayor autonomía. Aunque todavía requiere algunas adaptaciones médicas especializadas, estas serán realizadas con el acompañamiento de especialistas del Instituto Nuevo Amanecer, donde la pequeña es alumna.
“Esta silla, en cuanto a las adaptaciones que necesita, van a ser progresivas mediante lo que vaya requiriendo. Nosotros vamos adaptando todo lo demás. Ahorita Ana Victoria tiene dos años y todavía no necesita soportes tan estrictos o tan fuertes para su postura. Creo que, a través de terapias y de todo lo que recibe aquí en el Nuevo Amanecer, puede ir desarrollándose muy bien”, explicó Armando Galindo, director de los Centros de Contribución del instituto.
Mientras tanto, Paola, Ángel y la propia Ana Victoria continúan compartiendo su historia en redes sociales para visibilizar tanto el proyecto como la parálisis cerebral. Porque, en esta familia, el amor no solo se dice: también se imprime pieza por pieza.

