El muralista Melchor Peredo García, considerado uno de los últimos grandes representantes del muralismo mexicano, falleció a los 99 años de edad en la ciudad de Xalapa, Veracruz.
La noticia fue confirmada por su compañera de vida, Lourdes Hernández Quiñones, quien lo despidió con un emotivo mensaje en el que destacó su legado artístico y humano.
“Muralista, antes que pintor, artista de mirada creativa. Hoy vuela alto, ya en un cielo infinito de luz y color”, expresó.
Heredero de una tradición histórica
Discípulo de figuras fundamentales como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, Peredo dedicó su vida a un arte comprometido con las causas sociales, la historia y la identidad mexicana.

Su obra se inscribe dentro del muralismo surgido tras la Revolución Mexicana, movimiento que buscó acercar el arte al pueblo mediante mensajes de contenido social, político y cultural.
A lo largo de más de siete décadas de trayectoria, dejó más de 30 murales en México y el extranjero, incluyendo obras en Estados Unidos, Canadá y Francia.
Un legado en los muros
Arribo al Mictlán (1947): Su primer mural, en la Maternidad Guadalupe, Los Reyes de la Paz, Estado de México. Representa la explotación de trabajadores marginados.
Buceadores (1950): Club Sirocco, Acapulco, Guerrero.
Resistencia Heroica (fresco-acrílico, 1980): Palacio de Justicia del Estado de Veracruz, Xalapa. Uno de sus favoritos; tardó tres años en un pasillo estrecho. Representa la resistencia heroica del pueblo veracruzano ante invasores. Peredo lo consideraba un reto técnico importante.

La Historia de la Cultura en Veracruz (1982): Segunda parte del mural anterior en el Palacio de Justicia.
Seis murales (1983): Universidad de París XII, Francia.
Magisterio Heroico (fresco, 1991): Escuela de Bachilleres Constitución de 1917, Xalapa.
Por una Humanidad sin Fronteras (2000): Centro de Idiomas de la Universidad Veracruzana.
Cultural Heritage (4 paneles al fresco, 2000): Harton Theatre, Southern Arkansas University, Magnolia, Arkansas, EUA.
Una nueva raza abierta al porvenir (mosaico de talavera en una cara, 2004): La Antigua, Veracruz, junto a la casa de Hernán Cortés.
Es de doble cara y aborda el mestizaje cultural: la llegada de los españoles y portugueses con Cortés, los caballos de la conquista (representados con jinetes agresivos, vistos como centauros por los indígenas), la esclavitud y la formación de una “nueva raza” heredera de la sabiduría indígena y la gallardía ibérica.
Incluye un texto explícito: “Estrechamos la mano a los hermanos españoles, porque somos una nueva raza heredera de la sabiduría indígena y de la gallardía de Iberia 1519-2004”. La cara posterior combina simbólicamente una dama de Elche con un indígena. Peredo lo describió como una crítica a las divisiones raciales y una celebración de la identidad híbrida mexicana.
Homenaje a Ignacio de la Llave y La Reforma (fresco, 2004): Escalera del Palacio de Gobierno, Xalapa.
Una revolución continua (fresco, 2010): Vestíbulo del Palacio de Gobierno, Xalapa. Uno de sus más icónicos y visitados. Representa la historia revolucionaria de México de forma continua, incluyendo figuras como Yanga (líder de la rebelión cimarrona), escenas de resistencia, la Revolución Mexicana y la idea de que la lucha social no termina. Combina fresco con acrílico y ocupa varias paredes del espacio.
Nacido en 1927 en la Ciudad de México, Melchor Peredo García mantuvo su actividad artística y su postura crítica hasta sus últimos años.
Incluso en fechas recientes, expresó su inconformidad ante autoridades fiscales, defendiendo el valor de su obra frente a intentos de embargo.
En una entrevista de 2018, dejó clara su visión sobre el movimiento que marcó su vida: “Mientras no esté muerto yo, no está muerto el muralismo”.
La comunidad cultural lamenta la partida de quien fuera uno de los últimos exponentes vivos del muralismo mexicano, una corriente que definió el arte público del país en el siglo XX.