Los votantes suizos rechazaron por amplia mayoría una iniciativa que planteaba transformar el sistema alimentario del país mediante una mayor producción de alimentos vegetales y una reducción gradual de aquellos de origen animal.
Con el escrutinio concluido, 72.52% de los ciudadanos votó en contra y 27.48% respaldó la propuesta. La iniciativa tampoco obtuvo apoyo en ninguno de los cantones, por lo que quedó lejos de la doble mayoría necesaria para modificar la Constitución.
Regiones ganaderas encabezaron el rechazo
La oposición fue especialmente elevada en los cantones alpinos del centro de Suiza, donde la ganadería y la producción de lácteos tienen un peso económico y cultural importante.
En Uri, Schwyz y Obwald, el rechazo superó el 80%. Los porcentajes más bajos para el “no” se presentaron en Basilea, con 63.16%, y Ginebra, con 62.63%, aunque incluso en esas regiones la propuesta fue descartada por una mayoría clara.
El resultado refleja la resistencia a modificar profundamente un modelo agrícola vinculado con productos emblemáticos como el queso, la leche y el chocolate, además de la preocupación por las consecuencias para ganaderos y productores.
La iniciativa buscaba elevar la producción nacional
La propuesta establecía que, en un plazo de diez años, al menos 70% de los alimentos consumidos en Suiza fueran producidos dentro del país. Actualmente, la agricultura nacional cubre poco menos de la mitad de las necesidades alimentarias de la población.
Para alcanzar esa meta, sus promotores planteaban orientar la producción y el consumo hacia alimentos vegetales, con menor presencia de carne, leche y otros productos derivados de animales.
El proyecto no establecía una prohibición directa de esos alimentos, pero sí obligaba al Gobierno a implementar políticas que favorecieran las frutas, verduras, cereales y legumbres, al considerar que requieren menos superficie para alimentar a una mayor cantidad de personas.
La iniciativa contemplaba disminuir el uso de fertilizantes y productos fitosanitarios, entre ellos herbicidas e insecticidas, con el objetivo de proteger el agua potable, la fertilidad del suelo y la biodiversidad.
Sus impulsores argumentaban que estas medidas fortalecerían la seguridad alimentaria, reducirían la dependencia de las importaciones y permitirían utilizar de manera más eficiente las tierras agrícolas.
Gobierno y Parlamento consideraron excesiva la propuesta
El Gobierno y el Parlamento recomendaron rechazar la iniciativa al considerar que sus metas eran demasiado rígidas y difíciles de alcanzar dentro del periodo establecido.
Ambos poderes advirtieron que su aplicación habría requerido una intervención considerable del Estado en la agricultura, el comercio y los hábitos alimentarios. También existía preocupación por posibles incrementos en los precios y afectaciones para las industrias cárnica, lechera y avícola.
Todos los partidos representados en el Parlamento se pronunciaron previamente contra el proyecto, incluidos Los Verdes, que coincidieron en que el objetivo de autosuficiencia del 70% podía generar efectos no previstos en el sector agrícola.
Con el resultado del referéndum, Suiza mantendrá su actual modelo de producción sin incorporar estas obligaciones a la Constitución, aunque la sostenibilidad, la seguridad alimentaria y la protección del agua continuarán formando parte de su política agrícola.