Un devastador incendio consumió un dormitorio de la Escuela de Niñas Utumishi, ubicada en la localidad de Gilgil, a unos 120 kilómetros de Nairobi. El siniestro provocó la muerte de al menos 16 estudiantes y dejó a otras 79 personas heridas, reactivando las alarmas sobre la seguridad en las residencias estudiantiles del país africano.
El ministro de Educación, Julius Ogamba, confirmó que el plantel alberga a más de 800 alumnas. Esta secundaria pública cuenta con el patrocinio y la administración del Servicio de Policía de Kenia, por lo que gran parte de sus estudiantes son hijas de oficiales de las fuerzas del orden.
Angustia familiar y fallas bajo la lupa de las autoridades
La falta de identificación de los cuerpos ha desatado una ola de indignación y desesperación entre los padres que se congregaron en las inmediaciones del colegio. Mientras decenas de familias aguardaban bajo una tensa espera para saber si sus hijas sobrevivieron, otras lidiaban con el impacto psicológico. Elizabeth Rioba, madre de dos alumnas, relató el trauma de una de ellas al presenciar cómo una compañera quedaba atrapada en una ventana al intentar escapar de las llamas.
Aunque el origen del fuego todavía es un misterio, el ministro Ogamba aseguró que se iniciará una auditoría estricta para determinar si la institución cumplía con el manual oficial de seguridad contra incendios. Por su parte, la Cruz Roja de Kenia desplegó brigadas de apoyo psicosocial y equipos de localización para asistir a los afectados, mientras las estudiantes heridas eran distribuidas en centros médicos locales.
Una crisis estructural que se repite en las aulas africanas
El presidente de Kenia, William Ruto, expresó sus condolencias públicas manifestando el dolor de la nación ante la pérdida de vidas jóvenes y prometedoras. Sin embargo, este incidente expone una crisis de infraestructura recurrente en la región, donde el hacinamiento en dormitorios y la escasez de sistemas de extinción de incendios configuran un escenario de alto riesgo. Con frecuencia, los peritajes apuntan a instalaciones eléctricas defectuosas como detonantes de estas catástrofes.
La historia del país está marcada por estos eventos: en 2001, el peor incendio registrado en Machakos cobró la vida de 67 estudiantes; en 2017, diez alumnas murieron en un ataque intencionado en Nairobi; y apenas en 2024, otro siniestro fatal en el centro del país causó 21 decesos, obligando al gobierno a decretar tres días de duelo nacional.