El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este lunes que sería “un gran honor” para él “tomar Cuba”, durante una rueda de prensa en la Oficina Oval, en medio de un contexto de crecientes tensiones internacionales.
Las declaraciones se producen en un escenario marcado por fricciones entre Washington y Irán, así como por la crisis que enfrenta Cuba debido al bloqueo energético impulsado por Estados Unidos.
Durante su intervención, Trump afirmó que podría “hacer lo que quiera” con la isla, al considerar que se trata de “una nación muy debilitada en este momento”. Estas palabras refuerzan el tono que ha mantenido en semanas recientes, en las que ha calificado a Cuba como una “nación fallida”.
El mandatario también ha señalado que buscaría aprovechar la dependencia energética de la isla, agravada tras la suspensión del suministro de petróleo desde Venezuela, luego de la captura de Nicolás Maduro en enero.
“Cuba es una nación que está muy cerca del colapso”, reiteró Trump, quien incluso ha planteado la posibilidad de “tomarla de una manera amistosa”, aunque sin detallar cómo se llevaría a cabo esa acción.
Sus declaraciones contrastan con el hecho de que ambos gobiernos han confirmado recientemente la existencia de conversaciones diplomáticas.
Sin embargo, el tono del presidente estadounidense ha incrementado las dudas sobre el rumbo de estos contactos y sus posibles consecuencias.
En paralelo, el diario The New York Times reveló que negociadores de Washington habrían planteado la salida del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, como parte de un eventual acuerdo.
De acuerdo con fuentes citadas por el medio, correspondería a las autoridades cubanas definir los siguientes pasos en este proceso. Para Trump, no obstante, el objetivo es claro: cualquier desenlace debe alinearse con los intereses estratégicos de Washington.