La Asamblea de Dueños de la Liga MX realizada este 23 de abril dejó una serie de decisiones que, en conjunto, marcan un cambio de fondo en la estructura del futbol mexicano, con ajustes que van desde la propiedad de los clubes hasta el formato de competencia y el sistema de ascenso.
Más allá de un solo anuncio, la reunión evidenció una tendencia clara: avanzar hacia un modelo con mayor control interno, menor movilidad deportiva y una liga cada vez más cercana a un esquema de franquicias, en la antesala del Mundial 2026.
Sin ascenso ni descenso: el modelo que se mantiene
Uno de los puntos centrales de la asamblea fue la continuidad del sistema sin ascenso y descenso, vigente desde 2020 y que, por ahora, no tiene una ruta clara para regresar en el corto plazo.
Durante la reunión se reafirmó la intención de mantener este esquema y se puso sobre la mesa la posibilidad de eliminar la multa por cociente, mecanismo económico que sanciona a los equipos con peor rendimiento en la tabla.
De concretarse este cambio, los clubes dejarían de enfrentar consecuencias deportivas o financieras por ocupar los últimos lugares, consolidando un modelo donde la permanencia está garantizada.
En este contexto, el acceso a la Primera División continúa condicionado a criterios administrativos, certificación e inversión, como ha ocurrido en la Liga de Expansión, donde el ascenso deportivo permanece sin aplicarse.
Venta de Atlas rompe multipropiedad y reacomoda el mapa
Uno de los acuerdos más claros fue la aprobación de la venta del Atlas, operación con la que Grupo Orlegi deja de tener dos equipos en la Liga MX.
La decisión responde a la presión por reducir la multipropiedad, una práctica que durante años ha sido cuestionada dentro y fuera del futbol mexicano, y que ahora comienza a modificarse con movimientos concretos.
Además de su impacto administrativo, la venta abre la puerta a una reconfiguración de los clubes en el futbol mexicano, en un momento donde la liga busca fortalecer su estructura de cara a nuevas inversiones.
Atlante vuelve y confirma acceso por vía administrativa
En paralelo, la asamblea aprobó el regreso del Atlante a la Liga MX, marcando el retorno de un club histórico al máximo circuito.
Sin embargo, su reincorporación no responde a un ascenso en cancha, sino a una decisión administrativa aprobada por los dueños, lo que refuerza el modelo actual donde el ingreso a Primera División depende de factores económicos y estructurales.
Este movimiento se suma a la tendencia de una liga sin descenso, donde los cambios de categoría dejan de depender exclusivamente del rendimiento deportivo.
Con el retorno del Atlante al máximo circuito del futbol mexicano, habrán pasado 12 largos años para que los Potros de Hierro vuelvan a disputar encuentros en la primera división, ya que el último torneo que jugaron en la Liga MX fue en el torneo Clausura 2014.
Eliminan Play-In y ajustan formato rumbo al Mundial
Otro de los cambios relevantes es la eliminación del Play-In, fase que permitía a los equipos ubicados entre el séptimo y décimo lugar disputar los últimos boletos a la Liguilla.
Con este ajuste, el torneo vuelve a un formato más directo, en el que los ocho primeros lugares clasifican de forma automática, reduciendo partidos y concentrando la competencia en la fase regular.
La medida responde a la necesidad de ajustar el calendario rumbo al Mundial 2026, además de facilitar la organización del torneo en un periodo con alta carga de competencias.
Reestructura interna y control del modelo de liga
Finalmente, la asamblea abordó la reorganización interna de la Liga MX y la Federación Mexicana de Futbol, con la intención de fortalecer la toma de decisiones mediante comités estratégicos y una estructura más centralizada.
También se discutieron movimientos en la Liga de Expansión, incluyendo posibles cambios de franquicias y ajustes operativos, en un entorno donde el ascenso deportivo continúa sin aplicarse.
Con este conjunto de decisiones, la Liga MX no solo modifica su formato, sino que reafirma un modelo donde la estabilidad económica, la inversión y el control institucional tienen mayor peso que el sistema tradicional de competencia.