El cielo de Chamartín ya lo avisaba con un diluvio previo al encuentro: se avecinaban tiempos oscuros para el conjunto blanco. Tras el reciente descalabro liguero ante el Mallorca, el Real Madrid de Álvaro Arbeloa confirmó su crisis europea al caer 1-2 ante un Bayern de Múnich que, de la mano de un Manuel Neuer estelar y la pegada de Kane y Luis Díaz, desnudó todas las carencias del equipo merengue.
Crónica de una pesadilla anunciada
Bajo el estruendo de Enter Sandman de Metallica, el Santiago Bernabéu intentaba refugiarse en su mística habitual. Sin embargo, la realidad futbolística fue mucho más cruda. El equipo alemán, moldeado por Vincent Kompany como una máquina de precisión, no se amilanó ante el escenario.

Pese a que Arbeloa confió en su bloque de confianza, introduciendo a Mbappé por Brahim para buscar el "incendio" ofensivo, el Madrid se mostró como un equipo sin brújula. Las ausencias de Modric y Kroos son hoy una losa insalvable; sin ellos, no hay dirección, solo vértigo y dependencia del error ajeno.
Neuer detiene el ímpetu blanco
El partido fue un monólogo de intenciones bávaras. Joshua Kimmich gobernó el centro del campo a su antojo, mientras el Madrid sobrevivía gracias a fallos inverosímiles de Upamecano y Gnabry. Pero la suerte tiene un límite. Justo antes del descanso, Luis Díaz aprovechó un servicio de Gnabry para batir a Lunin y poner el 0-1.
Tras la reanudación, el guion no varió. Harry Kane, haciendo gala de su instinto letal a pesar de sus molestias físicas, sentenció con un disparo seco desde fuera del área que dejó mudo al estadio.

Un descuento insuficiente
Fiel a su ADN, el Madrid apeló a la épica. Arbeloa dio entrada a Bellingham y Militao buscando un milagro que esta vez se topó con un muro infranqueable: Manuel Neuer. El guardameta alemán firmó una actuación de época, frustrando mano a mano a Vinícius y Mbappé.
Aunque el astro francés logró recortar distancias a falta de veinte minutos tras un rebote en el larguero, el Bayern no se dejó intimidar por los fantasmas de remontadas pasadas. La efectividad alemana y el rigor táctico de Kompany se impusieron a un Madrid que, con más corazón que fútbol, se asoma peligrosamente a una temporada en blanco. La tormenta, definitivamente, ya está dentro de la casa blanca.