La construcción de la parte mexicana del proyecto Puerto Verde podría iniciar en noviembre de 2026, luego de avanzar la estructuración federal necesaria para desarrollar el libramiento y el nuevo Puente Internacional Piedras Negras III, informó Arturo García, vicepresidente de Operaciones de Grupo Puerto Verde.
De acuerdo con García, recientemente se formalizó la creación de una empresa de participación estatal mayoritaria que funcionará como vehículo para canalizar la inversión y obtener la concesión necesaria para desarrollar infraestructura asociada al proyecto.

Explicó que la composición prevista de esta empresa será de 51% a cargo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y 49% del Fondo Nacional de Infraestructura.
“Se crea el vehículo con el que se da la inversión para que se pueda aterrizar este proyecto, al menos en lo que corresponde al libramiento y al Puente Internacional Piedras Negras III”, señaló.
Proyectan un cruce de carga en menos de 12 minutos
El proyecto está enfocado principalmente al transporte comercial de carga y contempla separar este tipo de tráfico de otros cruces fronterizos para acelerar el movimiento de mercancías entre Coahuila y Texas.
García señaló que la meta es que los camiones puedan realizar el proceso de cruce en aproximadamente 10 a 12 minutos, frente a las horas de espera que actualmente pueden enfrentar los transportistas en otros puertos fronterizos.
El directivo ejemplificó que un traslado desde Saltillo hacia Nuevo Laredo puede representar alrededor de siete horas de camino más varias horas para cruzar la frontera, mientras que por Piedras Negras se pretende generar una alternativa con menores tiempos de espera.
“Necesitamos darle agilidad; por eso el cruce dedicado es lo que hace la diferencia”, explicó.
La propuesta toma como referencia el esquema existente en Nuevo Laredo, donde distintos puentes atienden por separado peatones, vehículos particulares y transporte de carga.

Puerto Verde entraría en operación hacia finales de 2028
En el lado mexicano, Puerto Verde contempla aproximadamente 28 kilómetros de libramiento y 800 metros de puente, mientras que la infraestructura estadounidense requerirá una extensión considerablemente menor.
Por esta razón, la construcción se realizaría por etapas. La parte mexicana comenzaría primero y los trabajos del lado estadounidense podrían arrancar entre ocho y diez meses después, sin afectar el calendario general, según García.
La expectativa es desarrollar la infraestructura mexicana en un periodo aproximado de dos años, con la intención de que el nuevo corredor comercial pueda entrar en operación hacia finales de 2028.
El proyecto busca aprovechar el crecimiento esperado en el movimiento de carga por la carretera 57 y las nuevas inversiones industriales, ofreciendo a los transportistas un cruce especializado que reduzca tiempos improductivos y aumente el número de kilómetros que las unidades pueden recorrer durante sus jornadas.
