Obispos de México y Estados Unidos advirtieron en Saltillo que la aplicación actual de las políticas migratorias está generando miedo, incertidumbre y vulnerabilidad entre miles de familias que viven a ambos lados de la frontera, por lo que llamaron a evitar prácticas insensibles y deshumanizantes y a colocar la dignidad de las personas por encima de cualquier procedimiento administrativo.
Ese fue uno de los principales acuerdos alcanzados durante el encuentro de obispos fronterizos, en el que participaron representantes de diócesis de Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua y Texas.
Los prelados coincidieron en que, aunque el número de migrantes que intenta cruzar hacia Estados Unidos ha disminuido, persisten comunidades enteras de personas que llevan años viviendo y trabajando en ese país sin documentación completa y que actualmente enfrentan temor permanente a ser deportadas.
Mons. Daniel Flores, obispo de Brownsville, Texas, explicó que muchas de estas personas han vivido durante décadas en Estados Unidos, trabajan en empresas y forman parte de sus comunidades, pero continúan expuestas a procesos de deportación que pueden separar familias de manera repentina.
Señaló que la Iglesia mantiene asistencia para quienes quedan en situación vulnerable, especialmente cuando uno de los integrantes de la familia es deportado y el resto enfrenta dificultades para cubrir necesidades básicas.
Entre los apoyos que ofrecen las diócesis se encuentran alimentos, agua, alojamiento, medicamentos, atención psicológica, acompañamiento pastoral y orientación legal.
Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía, obispo de Matamoros-Reynosa y responsable de la Dimensión Episcopal de Pastoral de Movilidad Humana, señaló que las casas del migrante continúan atendiendo tanto a personas deportadas como a quienes quedaron varadas después de la cancelación o modificación de programas migratorios.
Explicó que existen alrededor de 54 casas de migrantes en México y que cada una adapta su atención según las necesidades de la región.
Otro de los puntos centrales de la reunión fue insistir en la necesidad de una reforma migratoria integral en Estados Unidos.
Los obispos señalaron que la falta de una legislación comprensiva ha generado procedimientos cambiantes e inconsistentes, donde las posibilidades de ingreso, permanencia o regularización pueden depender del momento, del funcionario que atiende el caso o de modificaciones administrativas.
Mons. Gustavo García-Siller, arzobispo de San Antonio, Texas, sostuvo que esta falta de certeza contribuye al miedo que enfrentan actualmente las comunidades migrantes.
Los participantes también acordaron mantener comunicación con autoridades civiles de México y Estados Unidos para buscar mecanismos de cooperación que permitan una aplicación más ordenada y humana de las leyes migratorias.
Durante el encuentro se abordó además el riesgo de trata de personas y tráfico de migrantes, especialmente ante grupos que aprovechan la vulnerabilidad de quienes buscan cruzar la frontera y ofrecen falsas expectativas a cambio de dinero.
Los obispos insistieron en que cualquier política migratoria debe considerar primero la dignidad humana y reforzar las acciones de prevención, vigilancia y protección contra redes criminales.
También se acordó fortalecer el acompañamiento espiritual a las familias que viven en ambos lados de la frontera, particularmente a quienes enfrentan procesos de deportación o separación.
En la reunión participaron, entre otros, Mons. Hilario González García, obispo de Saltillo; Mons. Mark Seitz, obispo de El Paso; Mons. Brendan Cahill, obispo de Victoria, Texas; Mons. Alfonso Gerardo Miranda Guardiola, obispo de Piedras Negras; y Mons. Alonso Garza Treviño, obispo emérito de Piedras Negras.
El encuentro se realizó en el contexto de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se conmemora durante septiembre, y concluyó con un llamado conjunto a que las políticas fronterizas no reduzcan a las personas a una condición migratoria, sino que reconozcan su dignidad, su derecho a la unidad familiar y su necesidad de protección.