Los recientes casos de crueldad animal registrados en Saltillo no son hechos aislados, sino síntomas de una problemática social más profunda relacionada con la salud mental, la violencia y las transformaciones que ha experimentado la ciudad durante los últimos años, consideró el sociólogo Juan Carlos Centeno Maldonado.
El especialista explicó que las agresiones contra animales deben entenderse como expresiones de violencia que, en muchos casos, tienen origen en conflictos familiares, escolares, laborales o emocionales que nunca fueron atendidos, hasta derivar en conductas agresivas contra seres indefensos.
“Violentar a cualquier persona o a un ser sintiente es un tema de violencia. Muchas veces esa violencia proviene del entorno familiar, del bullying o de otros conflictos que reconfiguran la personalidad de quien nunca recibió atención para controlar sus agresiones y termina explotando contra lo que tiene más vulnerable”, señaló.
Centeno Maldonado consideró que el incremento de este tipo de casos también debe analizarse dentro del contexto que vive Saltillo, una ciudad que, aseguró, ha cambiado aceleradamente por el crecimiento industrial, la migración y la expansión urbana.
A su juicio, ese proceso ha generado tensiones sociales y emocionales entre una comunidad tradicional y una ciudad cada vez más globalizada, situación que también se refleja en otros problemas de salud mental.
El suicidio es solo una parte del problema
El sociólogo afirmó que la violencia contra los animales debe analizarse junto con otros indicadores que muestran el deterioro del bienestar emocional de la población, como el aumento en los casos de suicidio y otros trastornos relacionados con la salud mental.
Explicó que factores como la sobrepoblación, la urbanización acelerada y la pérdida de espacios verdes modifican la forma en que las personas se relacionan con su entorno y pueden influir en su estabilidad emocional.
“Saltillo pasó de ser una ciudad verde a una ciudad cada vez más gris, con más concreto, más parques industriales y menos espacios de convivencia. Todos esos cambios modifican la lógica social y también impactan en la salud emocional de la población”, comentó.
Dos casos distintos, un mismo origen: la violencia
Al referirse a los casos de León “N”, acusado de presuntamente torturar y matar perros que obtenía en adopción, y de Liliana “N”, señalada por el maltrato contra el perro Rocky, Centeno Maldonado explicó que ambos responden a manifestaciones distintas de violencia.
Consideró que el primer caso refleja una conducta planificada con posibles características psicopatológicas, mientras que el segundo parece derivar de una explosión de violencia relacionada con conflictos familiares o personales.
“Uno parece una violencia organizada y planeada; el otro, una reacción impulsiva. Son conductas diferentes, pero ambas tienen como origen la violencia”, explicó.
Redes sociales también reflejan el cambio social
El académico señaló que la reacción de indignación generada en redes sociales también responde a una transformación cultural en la manera en que la sociedad percibe a los animales de compañía, que hoy forman parte del núcleo familiar para muchas personas.
Indicó que, cuando la población percibe que las instituciones no actúan con rapidez, aumenta la presión social para exigir justicia, fenómeno que anteriormente se observaba en delitos de otro tipo.
Finalmente, el sociólogo consideró que, además de aplicar las sanciones previstas en la ley, los recientes casos deben abrir la discusión sobre la necesidad de fortalecer la atención a la salud mental y la prevención de la violencia, al advertir que las agresiones contra animales pueden ser un indicador de problemas emocionales y sociales que requieren una intervención mucho más amplia que la respuesta penal.