Jóvenes universitarios respaldaron la próxima restricción del uso de teléfonos celulares en escuelas de educación básica, al considerar que puede ayudar a disminuir distracciones, casos de ciberacoso y conflictos derivados del uso de redes sociales entre menores; sin embargo, coincidieron en que deben existir excepciones para emergencias, salud y actividades académicas.
Dafhne Uribe consideró que la medida puede ser positiva debido a que los teléfonos también han sido utilizados para tomar fotografías sin consentimiento, generar burlas o difundir contenidos que pueden afectar a otros estudiantes.
“Se ha inducido mucho lo del bullying, que toman fotos sin consentimiento y las usan para otro medio o simplemente para burlas”, señaló.
Uribe consideró que, aunque el celular puede ser útil en caso de alguna emergencia, los propios planteles cuentan con mecanismos para comunicarse con madres y padres de familia, por lo que durante las clases no debería convertirse en una fuente permanente de distracción.
Por su parte, Nicole Ontiveros señaló que el uso constante de teléfonos puede dificultar la concentración de los alumnos y recordó que, incluso cuando existían restricciones en secundaria, los dispositivos seguían llevándose a las aulas y podían generar problemas como extravíos.
“Yo creo que está muy bien que lo prohíban y más en educación básica, porque ayudará bastante a que ellos se enfoquen más y puedan aprender más”, expresó.
También manifestó preocupación por la sobreestimulación provocada por redes sociales, videos y el uso constante de herramientas digitales, al considerar que los menores necesitan desarrollar capacidades propias de análisis y razonamiento.
Luisa Flores coincidió en que la restricción puede favorecer la concentración de los estudiantes y evitar que las tendencias en internet influyan excesivamente en su comportamiento.
Sin embargo, planteó que debe considerarse la situación de alumnos de secundaria que recorren largas distancias para llegar a sus planteles y necesitan mantener comunicación con sus familias.
“Podría haber una excepción. No tenerlos a su lado todo el momento, que los profesores los guarden y, si necesitan hablarle a sus papás, puedan pedirlos”, señaló.
Flores también observó que el uso constante de dispositivos ha reducido algunas formas de convivencia entre menores, al señalar que cada vez es menos frecuente ver a niños utilizar el recreo para jugar o realizar actividades fuera de las pantallas.
En contraste, Leonardo Villalobos consideró que el teléfono sigue siendo una herramienta útil de comunicación y que la discusión no debe limitarse únicamente a prohibirlo, sino también a enseñar a niños y adolescentes a utilizar correctamente la tecnología.
Señaló que pueden existir situaciones delicadas en las que un estudiante necesite comunicarse directamente con su familia y sostuvo que la educación digital debe comenzar desde casa.
“Los padres son los educadores y es a partir de esa educación en casa donde debemos enseñar a nuestros niños a utilizar estas herramientas para bien”, afirmó.
Ángel Rodríguez calificó el tema como complejo debido a que los dispositivos pueden utilizarse tanto para fines académicos como para prácticas de ciberviolencia, creación de memes o publicaciones que afecten a estudiantes y maestros.
Consideró adecuada la restricción siempre que se mantenga la posibilidad de utilizar teléfonos u otros dispositivos cuando exista una finalidad educativa, como tareas, exposiciones o actividades académicas en línea.
Las opiniones de los universitarios coinciden en que la medida puede contribuir a reducir distracciones y riesgos asociados con redes sociales, pero también en que su aplicación deberá contemplar criterios claros para no eliminar completamente el uso educativo o de emergencia de los dispositivos.