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Así evolucionó la celebración del Día de Muertos en Saltillo

Por: Christyan Estrada

30 Octubre 2026, 17:26

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El historiador Carlos Recio recuerda que hasta mediados del siglo XX el Día de Muertos se vivía con tristeza y recogimiento en Saltillo

Así evolucionó la celebración del Día de Muertos en Saltillo

Vestidos largos, sombreros adornados con plumas, rostros convertidos en calaveras y elaborados maquillajes forman parte de las celebraciones actuales del Día de Muertos en Saltillo. Sin embargo, hace apenas unas décadas, la ciudad vivía el 2 de noviembre de una manera muy distinta: sin grandes desfiles, pasarelas ni altares monumentales, en medio de una atmósfera de silencio, nostalgia y recuerdos familiares.

El historiador e investigador Carlos Recio explicó que durante las décadas de 1940, 1950 y 1960, el Día de Muertos era una fecha predominantemente solemne para las familias saltillenses. En lugar de las celebraciones coloridas que actualmente caracterizan esta festividad, las personas se reunían en sus hogares para compartir alimentos y recordar, mediante conversaciones y anécdotas, a sus familiares fallecidos.

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De acuerdo con el investigador, fue durante la década de 1980 cuando comenzaron a extenderse los altares de muertos en las escuelas de Saltillo, una práctica que posteriormente llegó a los hogares y espacios públicos. Este cambio contribuyó a transformar la conmemoración en una celebración más participativa, en la que las flores, las ofrendas y las representaciones de calaveras adquirieron mayor presencia.

Entre los personajes que acompañaron esta transformación destaca la Catrina, cuya historia comenzó lejos de las pasarelas y festividades actuales. Su antecedente es la Calavera Garbancera, creada por el grabador mexicano José Guadalupe Posada como una sátira social hacia quienes pretendían aparentar una posición económica y un origen distintos a los suyos durante el Porfiriato.

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Recio explicó que la figura alcanzó mayor reconocimiento cuando el muralista Diego Rivera la incorporó a su obra Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, realizada en 1947. Allí apareció como una elegante figura femenina, con vestimenta distinguida y sombrero, consolidando su identidad como la Catrina y proyectándola como uno de los personajes más reconocibles del arte mexicano.

Lo que comenzó como una crítica a las apariencias sociales terminó convertido en un símbolo cultural que hoy representa la relación de los mexicanos con la muerte. Su imagen también adquirió nuevas expresiones a través del cine, las exposiciones, los desfiles y las actividades organizadas durante las celebraciones del 1 y 2 de noviembre.

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En Saltillo, esta evolución se refleja en las producciones artísticas de escuelas, colectivos y agencias de modelaje. Jesús Ernesto Peña Coronado, director de MJ Modelos, explicó que cada año preparan sesiones fotográficas y caracterizaciones de catrinas, con vestidos de época, joyería, tocados, plumas y maquillajes que requieren semanas de elaboración.

El director señaló que algunas participantes comienzan a diseñar sus vestuarios hasta con mes y medio de anticipación, con la colaboración de costureras, diseñadoras y familiares. Más allá de la apariencia, destacó que estas actividades permiten involucrar a distintas generaciones en la preservación de las tradiciones mexicanas.

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Aunque su indumentaria ha evolucionado, la Catrina conserva elementos que recuerdan su origen: los vestidos largos inspirados en la moda europea de las clases acomodadas y los sombreros ornamentados que acompañaban la crítica social de Posada. Actualmente, esos elementos se reinterpretan con colores, bordados y diseños que reflejan la creatividad de quienes participan en las celebraciones.

Para Carlos Recio, la transformación del Día de Muertos también responde a una mayor difusión internacional de la cultura mexicana, especialmente desde las últimas décadas del siglo XX. Producciones cinematográficas y acontecimientos culturales contribuyeron a despertar el interés por una festividad que combina el recuerdo de los fallecidos con expresiones artísticas y comunitarias.

Así, la Catrina encontró un lugar en las celebraciones de Saltillo, donde pasó de ser una figura conocida principalmente por el arte gráfico mexicano a convertirse en protagonista de fotografías, pasarelas y altares. Una transformación que refleja cómo la ciudad dejó atrás la solemnidad que predominaba décadas atrás, sin abandonar el propósito original del Día de Muertos: mantener viva la memoria de quienes ya no están.

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