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Economía

Peras con manzanas

Martes 01 de Septiembre 2015

Guillermo Fárber

Sostuve un debate con un regio muy inteligente e informado, sobre los relativos rendimientos a largo plazo del oro contra la bolsa de valores. Pero pronto caí en cuenta de que la cuestión está básicamente mal enfocada (por mí, lo admito) al centrar la discusión en el concepto de “rendimiento”. Es como comparar peras con manzanas. Cito algunas frases del libro Dawn of Gold: The Real Story of Money (2015, Philip Barton) para explicar por qué lo digo.

“El oro es dinero y nada más lo es.” Ecos del magnate financiero JP Morgan: “El oro es dinero; todo lo demás es crédito.” (Diciembre 1912).

“La definición de dinero es ‘un depósito estable de valor.” Otros usos del oro, como unidad de medida o medio de intercambio, son atributos también importantes pero secundarios.

“El dinero no es una ciencia. El dinero es simplemente dinero: un peso y una calidad conocidas de un depósito estable de valor.”

“El dinero convierte una transacción improbable, en algo enteramente posible.”

“Existe una escala de valores esenciales. Todos estos valores son no intercambiables e intangibles, con una única, solitaria excepción en forma intercambiable: el oro.”

“Como la única medida de un monto de valor reconocido, el dinero es lo más cercano que podemos tener a un absoluto.”

Un material misterioso

“El oro entró por primera vez en el mercado alrededor del año 1500 antes de Cristo, como un súper lubricante del comercio. El surgimiento del dinero fue un evento histórico de importancia sin paralelo hasta entonces o desde entonces.”

“El oro es la medida, no lo medido.” Por eso, decir que el valor del oro sube o baja en términos de papel (dólares, libras, euros, yenes, yuanes, francos o lo que sea) es una aberración. En todo caso lo que procedería es decir que una onza de oro puede adquirir equis o zeta cantidades de dólares o euros o etc, no al revés.

“El última instancia el oro es dinero porque la humanidad así lo ha decidido desde hace 6 mil años.”

“Una teoría sobre el origen del oro como dinero, es que surgió como una lógica extensión del trueque. La otra teoría relevante se refiere a su stock-to-flow ratio sin parangón: la escasa adición anual de 1.5% a un acervo enorme acumulado durante 6 mil años.” Este flow es en el mejor de los escenarios, lo cual hoy no es el caso, pues por el bajísimo precio artificialmente deprimido, muchas mineras han clausurado sus extracciones o al menos suspendido más exploraciones, dado que en ciertos casos de compañías pequeñas o matginales, la cotización “oficial” es inferior a sus costos de producción.

Algunas fuentes aseguran que el stock real de oro disponible above ground no es de 170 mil toneladas, como habitualmente se dice, sino diez veces mayor (The Yamashita Gold y demás figuras míticas), lo cual haría que su stock-to-flow ratio fuera aún menor (0.15%) y por tanto, todavía mayor y aún más estable su valor como dinero. ¡A pesar de ser diez veces menos escaso de lo pensado! Paradoja de paradojas.

Comparaciones improcedentes

En este marco, queda claro que discutir sobre cuál ofrece mejores perspectivas de “rendimiento” (a cualquier plazo) entre el oro y cualquier otro objeto o artificio financiero, es una polémica sin sentido, toda vez que estamos comparando peras con manzanas: dinero contra bienes tangibles, un material de valor estable contra cosas consumibles (commodities, productos manufacturados, etc) o contra símbolos abstractos y finalmente deleznables (acciones, bonos, etc).

Conste: “deleznable” no lo uso aquí como sinónimo de “despreciable”, sino en su acepción de poco durable, inconsistente, de poca resistencia; que se rompe, disgrega o deshace fácilmente; o se desliza y resbala con mucha facilidad.

Pero, bueno, claro, todo lo anterior procede conceptualmente siempre y cuando tú compartas la premisa básica… que los partidarios del mercado bursátil más bien desprecian o escarnecen. Por pura ignorancia, añado con ganas de provocar.

Un día que pervivirá en la infamia

Termino con una cita de Demagog aplicable justo al día de hoy: “El domingo 15 de agosto de 1971, hace 44 años, el presidente de EU, Richard Milhous Nixon, anunció la suspensión (dijo ‘temporal’, pero ya sabemos que no hay nada más definitivo que las medidas ‘temporales’ de los gobiernos) de entrega de oro por EU, a cambio de dólares presentados para su cobro por Bancos Centrales del mundo, a razón de una onza de oro por cada $35 dólares (ventana que aprovechó el presidente francés Charles de Gaulle, pecado por el que le armaron la revuelta dizque estudiantil de 1968, que lo defenestró). Con ese manotazo arbitrario, en vez de devaluar el dólar como dictaba la ortodoxia económica al uso, Nixon (a quien por algo apodaban Tricky Dicky), siguiendo el perverso consejo de Milton Friedman, rompía impunemente con lo solemnemente pactado en la conferencia internacional celebrada en Bretton Woods, New Hampshire, en 1944, apenas 27 años antes. Los pasados 44 años han sido los únicos en la historia –desde el principio de los tiempos– en que el mundo entero ha vivido usando simple papel dinero, y ahora dígitos bancarios, totalmente irredimibles en oro o en plata.”

Y no nos equivoquemos.
Esa jugada audaz, malévola, unilateral y prepotente de Nixon constituyó nada menos que una bofetada en el rostro del resto del mundo e inició la era de un sistema monetario mundial soportado, no tanto por la solidez económica o productiva, sino en última instancia por el poderío militar crudo (que en un épico eufemismo llaman “confianza”; de ahí “dinero fíat”).

Añade Demagog: “El total desorden económico y social que padece la humanidad en estos días, es efecto directo de la nefasta medida que anunció el presidente Nixon el 15 de agosto de 1944. En paráfrasis de las palabras de otro presidente gringo, Franklin D. Roosevelt, a raíz del ataque japonés a Pearl Harbor en 1941: el 15 de agosto de 1971 es ‘un día que pervivirá en la infamia’.”


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