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Economía

Las buenas cuentas de la mota

Martes 24 de Abril 2018

Guillermo Fárber

Llevo treinta años sugiriendo que los gobiernos monopolicen formalmente el narcotráfico (porque informalmente algunos ya lo hacen), pero prefirieron proteger ese negocio ajeno, a costa de miles de millones fiscales nacionales desperdiciados en armas y demás parafernalia bélica, cientos de miles de muertos autóctonos, y destrucción del tejido social de multitud de comunidades con millones de desplazados, heridos, mutilados, huérfanos, viudas, secuestrados.

Hoy al fin los gobiernos efectivamente comienzan poco a poco a hacernos caso. Pero no los gobiernos de los productores (México, Colombia, etc) sino los gobiernos de los consumidores. Los gobiernos estatales gringos, para ser precisos. El del estado de Colorado, por ejemplo. Como lo anticipamos ene mil ingenuos desde hace décadas, la legalización del Cannabis está resultando retiharto rentable para ellos.

Paul Ryan, el ex capataz de la mayoría republicana en la cámara gringa de diputados, que de pronto, en vez de dedicarse a su familia, como prometió, consiguió una nueva chambotota: como nuevo miembro del Consejo de "Acreage Holdings", es el flamante portavoz de la industria de la marihuana en EU. O sea, súbitamente ese prohombre con un brillante futuro político a sus espaldas, es un mercader de mota, ¡a dope dealer! jajajaja, devengando un sueldo gordo pero sin duda no tan gordo como el de un capo en sus mejores épocas.

Los tamaños del negocio

Lo primero es entender que se trata de una demanda bastante poco elástica: consumidores hubo, hay y habrá siempre, porque la persecusión de fugas corporales (que algunos moralistas prefieren llamar "proclividad al vicio") es consustancial a la condición humana. La oferta, en consecuencia, siempre aparecerá, y cada vez que elimines un capo, saldrán tres nuevos del suelo. Por eso es típica idiotez gringa argüir que sn los perversos narcos foráneos están envenenado a su juventud, que es prástina, inocente y no tiene culpa alguna. Como le respondiera el presidente López Mateos a un embajador gringo que hace cinco décadas le reprochaba esta misma babosada: "Sí, nosotros somos el trampolín de la droga, pero ustedes son la alberca".

Dimensionemos un caso real: el estado de Colorado. Su captación fiscal vía cannabis ya no es desdeñable, y sigue subiendo. El monto de impuestos generado por la motita en 2016 fue de $185 millones de verdes, tres veces más que dos años antes. En tanto, los precios al consumidor (al fumador, pues) bajaron debido al juego del mercado. Cierto, $185 millones no es una gran tajada en el presupuesto estatal anual de $13 mil millones, pero tampoco es despreciable. De ese pastel, $4 mil millones vinieron de impuestos a las ventas. Los mota-impuestos generaron el 5% de ese monto, y representaron el 1.5% del total de la recaudación estatal anual. Como diría quizá alguno de los ex gobernadores acusados de desvíos: nada mal.

A esos números directos, diría algún pragmático, habría que sumar los beneficios indirectos como el renovado impulso al turismo mariguanero, los nuevos salarios formales creados tanto en el sector público como en el privado, los impuestos a las ventas de los accesorios como pipas y demás. Tanto los gobiernos estatales como los municipales están comenzando a maar de esta nueva ubre tributaria.

Como lo dijimos enemil veces los ingenuos, con la legalización del cannabis los gobiernos ha comenzado a convertir un centro de costos en una unidad de utilidades, y en vez de arrojar dinero, tiempo y sangre en una guerra imposible de "ganar", esos gobiernos transforman ese hoyo negro en un pozo petrolero. Desde un punto de vusta estatólatra, no es el primer caso—ni será el último– de un "vicio nefasto individual" convertido en negocio rentable para la comunidad (insisto: si compartes la dudosa idea de que los impuestos son para beneficiar a la población en general, y no a los burócrtas que los dilapidan, desvían o se roban en buena parte).

Plata o plomo

Esos $185 millones son apenas el anticipo de los preludios de una ubre tributaria todavía en sus etapas iniciales de desarrollo. Compara con otro vicio nefando: el juego. Esto lo digo sin la menor ironía pues conozco los estragos que este vicio causa en las familias: mi abuelo Alfonso apostó y perdió fortunas en el Frontón México; una noche de 1937 perdió una cantidad que entonces le habría bastado para comprarse una buena casa en una de las zonas entonces incipientes, como la colonia Narvarte (mi abuelo murió prácticamente homelessen 1950; por fortuna, mi papá y mi tío Sergio salvaron del desamparo a las tres mujeres de su familia).

Retomando el caso del vicio del juego, desde 1946 en que el célebre gangster Bugsy Siegel abrió el Flamingo, el primer hotel-casino de las Vegas, este negocio genera unos $800 millones en impuestos para el estado de Nevada (la licencia para operar cada jackpoto maquinita de palanca, cuesta $125 dólares al año). A eso súmale otros $1,200 millones en impuestos derivados de las actividades asociadas con el negocio del juego (taxis, hoteles, restaurantes, prostitutas, jardineros, limpiadores de albercas, agencias de viajes, comercios, etc).

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Si bien en 28 estados la marihuana es "legal" en alguna media y forma, a nivel federal sigue siendo una sustancia prohibida en tanto la considera un narcótico tipo I y por tanto no deducible (https://www.ganjapreneur.com/cannabis-taxes-intro-marijuana-taxation/).

Una decisión judicial típica es que "esto ha configurado una dicotomía. Para los revendedores, los costos que normalmente incurren en la compra de cannabis no pueden deducirse como COGS bajo las reglas de la Sección 280E. Estos costos están directamente relacionados con el tráfico de cannabis. Esto significa que solo la cantidad de la factura por la compra del cannabis es deducible, pero sin incluir los costos de transporte y otros costos que normalmente están asociados con la posesión del inventario."

En fin, la conclusión es que "el esquema impositivo para la industria del cannabis es un reverendo caos. Es un asunto todavía pendiente la estrategia para evitar la Sección 280E, los desafíos del sistema bancario y cómo administrar un negocio operado totalmente en efectivo (an all-cash business)."  No hace falta aclarar que esto último, considerando el afán actual del NWO por imponer la cashless society, es todo un desafío contra los globalistas.

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  • Guillermo Fárber
    Guillermo Fárber
    Nací en Mazatlán en 1951, a los 3 años de edad. Soy aprendiz de todo y maestro de nada. Tengo 30 libros y escribo a diario en periódicos y revistas.