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Escena

La pérdida y la masculinidad

Viernes 08 de Noviembre 2019

Roberto Uriel

Por: Roberto Uriel

Hace un par de años tuve la oportunidad de entrevistar a la tanatóloga Gaby Pérez Islas, con motivo de uno de sus libros recién publicado. Y en esa entrevista comprendí un poco mejor el tema de las pérdidas. Regularmente creemos que la tanatología aplica en caso de la muerte de un ser querido. Sin embargo, la vida es una serie de pérdidas que culminan precisamente con el fin de la vida, es decir, la pérdida de ésta. 

Constantemente estamos soltando cosas, situaciones, posesiones, personas. Cuando nacemos, abandonamos la comodidad del vientre materno. Crecemos y comenzamos a perder años. Perdemos la estabilidad del hogar para ingresar a la educación básica. Seguimos creciendo y luego se va una mascota. Llega el amor, tenemos una relación, y resulta que luego la perdemos. A veces nos peleamos con alguna amistad, y la perdemos. La confianza en alguien. Perdemos nuestro empleo o inversiones. Si tenemos hijos, los perdemos porque se van de casa para estudiar o porque deciden hacer su propia vida. Etcétera. 

Total, que toda la vida estamos soltando cosas. Pero qué pasa cuando alguien no está consciente de ello y empieza a enfrentar pérdidas dolorosas. Eso es lo que le sucede al personaje principal de "Thunder road", la ópera prima del director y guionista estadunidense Jim Cummings, una obra muy personal, honesta y con ese aire que tienen las películas independientes. Es interesante cómo la película explora el tema de la pérdida desde la mirada masculina, con sus implicaciones.

En 2016, Cummings debutó en el séptimo arte con un cortometraje de 12 minutos acerca del monólogo que un hombre ofrece en el funeral de su madre, filmado en un solo plano secuencia, y él mismo da vida al protagonista. Entre el dolor, el llanto y el delirio, el hombre desea cantar "Thunder road", de Bruce Springsteen. "Ella me la cantaba antes de dormir",dice. Ahora que ella duerme, la quiere despedir así. Pero la grabadora con la pista musical se avería. Es entonces que el personaje se quiebra ante la pérdida. 

A partir de ese cortometraje, Cummings se dio a la tarea de crear una historia más amplia en la que explora la causas del por qué ese oficial de Policía, de nombre Jim Arnaud, tiene ese punto de quiebre, qué hay detrás. Es así que ahora llega a salas la versión largometraje de "Thunder road", una auténtica tragicomedia sobre los claroscuros de la vida. De nueva cuenta Cummings actúa el papel principal.

La pérdida con la que arranca el filme es precisamente una nueva versión del funeral de su madre. Luego vemos que el personaje está en un proceso de depresión, porque además recientemente se ha divorciado, es decir, perdió su matrimonio. Pero no sólo eso, poco a poco va perdiendo paciencia, estabilidad emocional, amistades, personas, e incluso está en riesgo de perder a su hija. La espiral avanza a ritmo preciso, con pulso narrativo firme y profundidad. Además, como es elemento policiaco, el contacto con las armas es un punto de conflicto.  

El clímax sucede con otro monólogo muy personal y catártico, en el que Jim se da cuenta de que de eso se trata la vida, de ir soltando, y se permite llorar. Los hombres también lloran. Asume su situación a pesar de la frustración, el tedio y el dolor. Poco a poco aprenderá de ello. Además de la conmovedora actuación, todo indica que el mismo Cummings, al escribir este guión, echó mano de sus experiencias más personales. Se divorció, su madre falleció y tuvo un proceso de depresión. Pero eso se agradece, el encontrarse en pantalla grande una historia tan personal y honesta, como si de un espejo se tratara. La película sigue en algunas salas y en el circuito cultural.

Masculinidad tóxica y sectas

Otra película que gira en torno a la masculinidad y que recientemente llegó a salas en México es "El arte de defenderse", segundo largometraje del estadunidense Riley Stearns. Resulta una propuesta interesante cuyo valor principal radica en ser una sátira de la masculinidad nociva y sus conocidos estereotipos, además de abordar el tema de las sectas, y de pasada colocar un ligero toque de humor negro.

La cinta presenta a un hombre de 35 años, interpretado por Jesse Eisenberg, solitario, tímido y víctima del rechazo de sus compañeros hombres en el trabajo. Se asume como vulnerable cuando una noche un grupo de motociclistas lo asalta y lo golpea. Tras su recuperación en hospital, busca cómo defenderse en futuros casos. En primera instancia acude a comprar una pistola. Pero en su camino se topa con una escuela de karate, donde enseña un peculiar y rudo maestro. Entonces se decide por esta opción. 

Así, aprende a defenderse y avanza en los colores de los cinturones. Pero sin darse cuenta la disciplina se convierte en su obsesión, al grado de afectar el resto de sus actividades. Luego es invitado a integrarse a un grupo de alumnos que toma sus clases por las noches, con reglas distintas, más severas. Como una secta, la dominación a través de las ideas o la fuerza es la parte central. Y a partir de ahí comienzan las verdaderas enseñanzas, a base de golpes y mano dura. 

Todo esto la hace acercarse a "El club de la pelea", de David Fincher, que este año cumple el 20 aniversario de su estreno. Pero el acierto de "El arte de defenderse" es precisamente el tono de crítica sarcástica con el que se abordan los aspectos de la masculinidad y la masculinidad nociva. De hecho, sólo hay un personaje mujer en el filme, que constantemente es víctima de esos temas, y de los roles preestablecidos, pero será interesante la manera en que esto se resolverá al final. Esta película también continúa en salas comerciales y en circuito cultural.

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