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Economía

¿Comunismo de derecha?

Martes 01 de Septiembre 2015

Guillermo Fárber

A ver, a ver, ahora sí que ya no entiendo nada de nada (antes nada más no entendía nada, a secas). Este artículo lo firma Ernesto Aquino Montes en marzo de 2014, ¡en La Habana! ¿Un pensador de un régimen supuestamente comunista, denunciando el sistema comunista… original (el soviético, pues)? ¿Y 24 años después de la desintegración de la URSS? También me parece extraña la fecha del artículo: 9 meses antes de que Obama diera banderazo a la recuperación de la parte antillana del “patio trasero” de EU (por temor a que volviera a caer en las garras rusas, supongo).

En fin, este extraño texto me parece digno de reflexión.

Dice Aquino: “El derrumbe del poder soviético representó un alivio para los zares del socialismo ruso. La corrupción dentro de la élite gobernante, la incompetencia congénita que genera el centralismo y la marcada desigualdad, entre el pueblo -cada vez más empobrecido- y la aristocracia de Estado -cada vez más enriquecida- convirtieron la propuesta socialista en un proyecto definitivamente insalvable e indefendible.”

La espantosa corrupción de la nomenklatura soviética ya la conocíamos desde hace mucho. ¿Recuerdas por ejemplo el libro de 1957 “La nueva clase”, del indomable Milovan Djilas, que desengañó a toda una generación sobre las falsedades de las promesas comunistas (yugoslavas, en este caso)?

Dedo flamígero
Denuncia Aquino: “El comunismo de izquierda, marcado por una ideología alucinada, basada en un fatalismo atrincherado detrás de interminables  conspiraciones y tenaces suicidios, cedió el trono de su paranoia al comunismo de derecha, un modelo político más lucrativo y menos comprometido con los discursos moralistas cargados de promesas que jamás se cumplen. Los dirigentes rusos ya no son políticos corruptos enriqueciéndose a costa del sacrificio del pueblo (eso ya lo hicieron en el pasado); ahora son empresarios, dueños de enormes fortunas, propietarios de pequeños ejércitos privados provistos de respetables arsenales de armamentos que no sólo garantizan su seguridad, sino que los convierten en una amenaza potencial contra cualquier movimiento social que promueva justicia y desarrollo económico sobre la base del interés común.”

La alusión a Putin y sus cuates es transparente, ¿no te parece queridolectora? Quizá demasiado transparente, diría yo. Como buen conspiranoico que soy, me asalta elsospechosismo. ¿Sabía Aquino del inminente cambio del viento político que se avecinaba, y este reconocido “opositor” inició las andanadas contra el ex protector y nuevo enemigo ruso, a favor del ex enemigo y nuevo aliado gringo? Digo, nada más es pregunta suspicaz para fastidiar. No pretendo siquiera esbozar una respuesta; se que los laberintos en esas alturas geopolíticas son como matrioskas de máscaras dentro de máscaras dentro de caretas dentro de disfraces dentro de mascarones dentro de…

O sea que ceder a nuestra innata tentación reduccionista de dividir maniqueamente el mundo geopolítico entre “buenos” y “malos”, con los retazos de información minúscula, predigerida y manipulada que nos dejan conocer, es de una candidez más que patética. Y Aquino necesariamente juega en este escenario. ¿Qué papel? Yo confieso no poder dilucidarlo; tan vez ni siquiera lo sabe él mismo.

Oh, ¿y ahora quién podrá salvarnos?
Añade Aquino: “El gobierno ruso sigue siendo tan bolchevique y comunista como en los días gloriosos del marxismo de Lenin y Stalin; su poder militar sigue estando al servicio de los socialismos que violentan, reprimen y empobrecen a sus pueblos.”
¿Como el venezolano, digo yo, que ahora alcanzó ya la celebridad de usar sus billetes como servilletas porque salen más baratos? Bueno, al régimen bolivariano del Madurín todavía le falta dar un paso más hacia el fondo para poder usar sus billetes como papel higiénico en el excusado por la misma razón.

Es el destino natural de todos los billetes de dinero fíat que en el mundo han sido, comenzando con los de cien millones de millones de dólares de Zimbabwe: terminar embarrados de sustancias innobles, o quemados en fogatas precarias para calentar las manos enguantadas de algún indigente, o usados como papel tapiz en las paredes interiores de alguna recámara pintoresca.

En un párrafo precioso que me recordó el estilo prosopopéyico de los años 50 de mi maestro Alfredo Kawage Rahmia, Aquino dice: “En su afán por sobrevivir a su propia muerte (los comunistas de derecha) se aparean con fórmulas económicas liberales y arrojan su fracasada ideología a los pies de los capitalismos más desarrollados; firman acuerdos y se comprometen a respetar los derechos y libertades fundamentales expresados en los tratados internacionales; y tras esta mascarada ocultan la guillotina que hará rodar la cabeza de la libertad una vez que el descuido de los necios y la indiferencia de los perezosos los vuelva a sentar en el trono ensangrentado de su esclavismo.”

El mundo bipolar
“Ellos”, denuncia Aquino en un párrafo acaso revelador refiriéndose a los comunistas de derecha, “consideran como una extraordinaria misión histórica el mantenimiento de la bipolaridad de fuerzas. El mundo debe continuar dividido, porque un universo humano donde la paz, el respeto a la diversidad, las libertades individuales y los derechos humanos estén garantizados no se ajusta a sus propósitos de un liderazgo absoluto donde la única alternativa a la propuesta oficial sea la muerte.”

O sea, culpa a ese “comunismo de derecha” (el régimen ruso, pues) del actual retorno al enfrentamiento de potencias que se consideró superado con la disolución de la URSS en 1991 y el consecuente “fin de la historia” (en la célebre expresión de suprema candidez de Francis Fukuyama). Según Aquino, la culpa de esta infortunado retorno a la confrontación es de Putin y sus cuates, nada más, execrables comunistas de derecha, y desde luego no del complejo industrial-militar amenazado de quedarse sin negocio.

Sobre las insistentes declaraciones de Putin y sus cuates en la escena global a favor de las vías diplomáticas en vez de las bélicas, Aquino nos recuerda, no se puede saber qué tanto con prudencia y qué tanto con malicia: “Lo más peligroso de este comunismo de derecha es su habilidad para desarrollar estrategias diplomáticas fraudulentas que les permitan ubicarse lo más cerca posible de las democracias que quieren destruir.”

Ay, esos colectivistas
En una advertencia que nunca sobra respecto de los “ismos” de poder, todos los ismos de poder y no sólo los comunismos, Aquino nos recuerda esta obviedad: “Los comunistas no descuidan su lucha obsesiva por conquistar y retener el poder; no se dan tregua, y cuando descansan lo hacen parados sobre el cadáver de la libertad.
Como despedida, Aquino nos lanza otra vez una alusión kawagiana a Nicolás Maduro, Evo Morales, Cristina Fernández, Rafael Correa y demás coquetos del colectivismo, y a que el Imperio vuelva a poner orden en su “patio trasero”: “Lo peor de todo, es que cada vez son más los gobiernos inescrupulosos (sobre todo en América Latina) que con absoluta desfachatez quieren imponer a sus pueblos políticas totalitarias, mientras las democracias poderosas -cruzadas de brazos- dan patente de corso a los verdugos y abandonan a su suerte a los pueblos desamparados, sin reparar que el peligro de una nueva guerra fría, más cruel y devastadora, se cierne sobre todos; una guerra fría de pólvora y metralla que quemará, en la hoguera de la furia y el odio, todo el patrimonio de la piedad humana.”
(No explica don Ernesto cómo una guerra “fría” podría expresarse en una hoguera de pólvora y metralla; pero en fin, a veces el furor catónico no puede evitar salpicarse un poco de sus propias enjundias.)

Conclusión
Hoy, desengañados por Occidente en general (Estados Unidos y Unión Europea, básicamente), muchas analistas (ilusos, según yo) ven hacia Oriente con esperanza (Rusia y China, básicamente: The New Silk Road, bancos BAII y NBD, etc), pero Aquino nos advierte que son la misma gata, revolcada: comunistas, pero ahora de derecha.

¿Tendrá razón o será él nada más un nuevo crítico, más o menos solapado, al servicio del nuevo amo geopolítico? Y ya metidos en estos vericuetos, ¿no habría también que precaverse contra posibles comunismos de ultraderecha que parecen incubarse bajo envolturas globalistas? ¿O sería eso extremar demasiado las suspicacias? ¿Tú qué opinas, queridolectora?


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