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Cultura

Utøya: vivir el terror y la injusticia

Viernes 01 de Marzo 2019

Roberto Uriel

El 22 de julio de 2011 quedó marcado en la historia de Noruega por una tragedia. Un terrorista llamado Anders Breivik perpetró dos fuertes atentados: un coche bomba en la sede gubernamental en Oslo y dos horas después un tiroteo en la isla de Utøya.

Este caso es muy conocido, pues recibió cobertura en los medios de todo el mundo. El sujeto en cuestión detonó primero el explosivo en la sede gubernamental con lo que creó un ambiente de confusión en la capital del país para dirigirse a la isla, en medio del lago Tyrifjorden (a pocos kilómetros de ahí) para cazar, literalmente, rifle en mano, a un grupo de jóvenes afines al Partido Laborista que se encontraban en un campamento de verano.

El tema, obviamente, no ha quedado fuera para los cineastas. Se han creado varios documentales al respecto, y el año pasado se estrenó en en el Festival de Venecia y posteriormente en Netflix la película “22 de julio”, del director británico Paul Greengrass, conocido por sus cintas “Vuelo 93” (2002) y “Domingo sangriento” (2002), ambas de ficción pero muy apegadas a la técnica documental. Con “22 de julio”, Greengrass sigue su propia línea de abordar incidentes terroristas. También ha sido popular su saga Bourne.

Y este viernes llegó a las salas comerciales de nuestro país “El Atentado del Siglo: Utøya”, del noruego Erik Poppe que se estrenó el año pasado en la Berlinale con buena aceptación.

En “22 de julio”, Greengrass creó a partir del libro “One of us” de Åsne Seierstad un docudrama que aborda los hechos en forma cronológica desde el ataque con coche bomba, luego cómo Breivik se hizo pasar por agente de la Policía para llegar a la isla y realizar la masacre, y centrándose un poco más en el juicio posterior, dibujando un perfil psicológico del atacante mientras los sobrevivientes enfrentan las consecuencias.  

Mientras tanto, “El Atentado del Siglo: Utøya” es un ejercicio fílmico bastante interesante debido a que explora cómo vivieron este tremendo suceso los jóvenes y niños en el campamento del Partido Laborista, centrándose en una joven de nombre Kaja quien acudió al evento con su hermana. La noticia de la explosión en Oslo comienza a circular y provoca inquietud. Pero la calma termina rompiéndose cuando se escuchan los primeros disparos. Hay que huir. Y la cámara se convierte en la mirada de un joven que tiene que correr por su vida.

Seguramente causará inquietud en el público (sobre todo para quienes no están muy enterados del asunto) la falta de información en el momento en que transcurre la acción de la película, pero creo que ese es uno de los grandes valores de la misma, pues es una ficción casi documental que nos acerca un poco a lo que seguramente vivieron los jóvenes atrapados en esa isla a merced del fanático ultraderechista, el cual, por cierto, no se muestra en pantalla, salvo un par de segundos y a lo lejos. Sólo escuchamos los disparos mientras priva el afán de resguardarse.

El toque casi documental se refuerza por dos aspectos: Poppe decidió rodar este largometraje en una sola toma, un solo plano secuencia, y éste dura 72 minutos, que es el tiempo exacto que Breivik estuvo en la isla masacrando jovencitos antes de que la Policía lo detuviera. Un esfuerzo que sin duda tuvo que tener varios ensayos y mucha precisión. La actriz Andrea Berntzen, que da vida a Kaja, hace un estupendo trabajo, lleva consigo el desarrollo y la carga dramática.

Aunque es terrible lo que vemos, creo que el valor que contiene este filme es el de acercarnos sólo un poco a la injusticia, y reflexionar acerca de la intolerancia y sus consecuencias. Y más porque los casos de radicales extremistas continúan. Un ejemplo parecido y muy condenable es el tiroteo ocurrido el 1 de octubre de 2017 en Las Vegas contra la multitud que acudió a un festival de música country.

Creo que al ser una película centrada en las víctimas, a igual que “22 de julio”, cumple con poner el foco de atención sobre este tema, el cine también sirve para mostrar, afrontar, evidenciar, los problemas sociales y prevenir que el día de mañana estemos lamentando otras situaciones peores. Como ejemplo “Roma”, de Alfonso Cuarón, que puso sobre la mesa el tema del trabajo doméstico.

Hay que destacar que el trabajo previo de Erick Poppe, antes de ingresar al séptimo arte fue como periodista internacional, en zonas de conflicto, eso seguramente le aportó aún más sensibilidad para plasmar asuntos como el de Utøya en la pantalla grande. Laboró para Reuters y el periódico “Verder Gang”. Fue premiado en diversas ocasiones en los World Press Photo y por la Academia Nacional de Noruega, entre otros reconocimientos. Ojalá su cinta cause logre un impacto positivo.

Espero sus comentarios en @Roberto_INFO7.

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