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Olivia Martínez Valenzuela
Política

Una tras otra...

Viernes 31 de Marzo 2017

Cuando pensábamos que ya más tragedias no podía haber en Nuevo León, esta semana nos sorprendió una nueva crisis: la del Penal de Cadereyta, con cuatro reos muertos en un segundo día de motines, fallecimientos que se agregan a la peor masacre penitenciaria del año pasado en el Penal del Topo Chico con 49 reclusos asesinados... y seguimos contando, en la larga cadena de negligencias e ineficiencias.

¿Y el gobernador Jaime Rodríguez? Para variar, no estaba en Nuevo León: él andaba en sus viajes de turismo electoral, preocupado por subir sus cada vez más bajos bonos políticos y mortificado porque, ya se sabe y ya se supo, no logrará ser candidato a la presidencia del país. ¿Cómo serlo, si no ha dado resultados? ¿Cómo posicionarse en esa lucha por la grande, si la gente que creyó en él ya se percató que muchas de sus promesas fueron mentira?

El Bronco no será candidato a la presidencia del país por la sencilla razón de que ha quemado sus naves. Si desde el principio hubiera cumplido con sus promesas electorales (seguridad, calidad de vida, transporte, educación, lucha contra la corrupción y eliminación de la tenencia, entre muchas más), otro gallo le cantaría. Pero empezó a fanfarronear, recurrió a sus baladronadas, le dio la espalda a la sociedad y le picó los ojos a los ciudadanos.

En lugar de gobernar Nuevo León, este hombre sin oficio político se la pasa de gira electoral. Y eso sí: se la vive aplicado en sus redes sociales dizque resolviendo los problemas en la entidad, cuando buena parte de la sociedad no tiene acceso a esas plataformas desde las que él presume "atender" a la comunidad.

Cuando andaba en campaña electoral, Jaime Rodríguez se comprometió a que él y su equipo se irían a dormir a las zonas en conflicto para conocer a flor de piel la inseguridad y aplicar soluciones en la lucha contra la delincuencia. ¿Usted lo ha visto en la zona norte dormir? ¿En La Alianza, quizá? ?¿En San Bernabé? ¿En la zona sur? ¡Para nada!

¿Acaso lo vio entrar al Penal el lunes, cuando ocurrió la emergencia? ¿Tal vez lo vio ese día en la noche presidiendo una reunión de seguridad? ¡No! ¿Será que lo vio al siguiente día dentro del reclusorio, encabezando estrategias para impedir que pasara la tragedia, que ya estaba más que anunciada? Tampoco.

El secretario de Seguridad, Cuauhtémoc Antúnez, no dio la cara. El secretario General de Gobierno, Manuel González, tampoco. Todos se escondieron siguiendo el mal ejemplo del gobernador. Enviaron por delante al vocero, como si hubiese sido a éste a quien la sociedad le dio, en las urnas, la responsabilidad de la seguridad. Y a la hora de la tragedia, con el reporte de cuatro cadáveres dentro del reclusorio, sucedió lo de siempre: nadie se hizo responsable de nada.

Cuando el jefe no atiende sus obligaciones, los subalternos hacen concha.  Si el gobernador anda en sus asuntos personales, los subordinados hacen lo mismo. El mal ejemplo arrastra. Pobre Nuevo León: tan lejos de Dios y tan cerca de El Bronco. Pero ya lo dice el refrán: no hay gobernador que dure más de seis años. Y este gobernador, afortunadamente, también trae su fecha de caducidad. 


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