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Economía

Un balance es algo balanceado

Viernes 17 de Febrero 2017

Guillermo Fárber

En mis clases de esa horrorosa materia llamada “contabilidad” (que me vi obligado a cursar en mi MBA), me enseñaron que hay una cosa llamada “partida doble”, sistematizada por Luca Pacioli (fraile tenía que ser) hacia 1490 y que esencialmente es una forma del principio universal de conservación de la energía pues dice que, en el mundo financiero, tampoco nada desaparece sino que simplemente cambia de lugar: de un lado del balance, al otro; de un activo a un pasivo; de una ganancia, a una pérdida. Así, todo balance es básicamente un espejo: de un lado una cosa; del otro, su sombra o reflejo.

Este camarada Pacioli fue todo un genio matemático que, entre otras muchas otras obras, dejóDe ludo scacchorum, un manual para enseñar a jugar al ajedrez (en el que era experto) ilustrado nada menos que por Leonardo Da Vinci. Pero en fin, esto viene al caso por la embestida de Trump contra el comercio internacional. Bueno, él dice que su enojo no es contra el comercio en sí, sino contra el comercio que él califica de “desleal” y que no es exactamente así. Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes.

Para empezar, habría que diferenciar entre el movimiento político-totalitario-elitista llamado “globalización” y la tendencia natural, mundial hacia el flujo libre de bienes, personas y capitales, de cualquier lado del planeta hacia cualquier otro sitio. O sea, hay que distinguir entre comerciar y controlar, entre intercambiar y concentrar, entre el cambalache y el sometimiento (cosas distintas que los tecnócratas todo el tiempo buscan confundir para beneficio de sus amos con la frase hiper tramposa de “la globalización es una tendencia mundial inevitable”).

Ganar-Ganar

Además de no entender los beneficios mutuos de todo intercambio comercial, el punto de vista de la transacción como un juego suma cero (en vez del correcto ganar-ganar), en que necesariamente una parte gana lo que otra pierde (en vez de lo correcto de que ambas partes ganan, si bien de diferente manera y según criterios distintos), esta visión sesgada hace caso omiso de los conceptos elementales de la teoría de la balanza de pagos (que convenientemente ha sido desacreditada desde hace tiempo como una doctrina mercantilista inválida). Esto conduce sin remedio a describir toda transacción comercial como una relación entre ganadores y perdedores (como hace Trump).

Aquí entra en escena el fraile Pacioli (que legó a la humanidad mejores cosas que mis noches exasperadas ante las tareas de contabilidad que excedían mi limitado hemisferio izquierdo) y nos recuerda que las cuentas siempre están equilibradas: si de un lado hay “déficit comercial”, del otro se debe registrar un “superávit de capital”. Cuando los exportadores foráneos venden sus productos a EU, éste les paga (en dólares que no le cuestan absolutamente nada sacar del aire, pero ese es otro asunto) y así dichos países exportadores son “superavitarios”. El punto es que EU adquiere de sus contrapartes bienes y servicios reales, a cambio de nadas verdes que saca del aire. Compra algo con nada ¿y aun así se queja?

Hay que subrayarlo: a cambio de su déficit comercial, EU no tiene “surplus de capital” por casualidad sino porque lo tiene que tener, dado el diseño del sistema monetario global, en que el dólar es la moneda de reserva mundial y cualquiera que quiera comprar cualquier cosa en el mercado mundial, tiene que adquirir primero dólares para comprarlos, y EU es el único país que los produce (monopolio fundamental). EU ha tenido esta ventaja (“privilegio exorbitante”) de manera más o menos consensuada desde 1944 (Bretton Woods) y ya de manera escandalosa y unilateral desde 1971 (cierre por Nixon de la ventana de convertibilidad en oro).

Ese respaldo de oro fue sustituido por el de la pistola 45 cargada y a la vista sobre la mesa. Pistola que EU demostró en 1991, con la invasión a Irak, estar dispuesto a usar, tras que Saddam pretendió vender su petróleo en euros y ya no en dólares, amenaza intolerable contra la moneda imperial.

Así, desde 1971 hasta la crisis de 2008, EU se dio un pachangón de 37 años durante los cuales vivió, por encima de sus medios reales, de importaciones que no pagó con nada real sino, literalmente, con el puro poder de su firma. Pero, tras ese campanazo de realidad monetaria que fue el casi colapso global de ese año, el mundo aprovechó los dos periodos del socialismo solapado de Obama para prepararse en contra de ese “exorbitante privilegio” tan escandalosamente abusado.

Ahora, tampoco seamos injustos. EU ha tenido ese largo déficit no sólo por condiciones monetarias abusivas, sino porque también ofreció a los capitales excedentes, durante todo ese tiempo, un ambiente de custodia e inversión relativamente más atractivo que sus competidores: más seguridad jurídica, más estabilidad política, mejores y más diversificados perfiles de liquidez. Menores tasas de rendimiento, por lo general, pero con mucho menores márgenes de riesgo. Todo lo cual es altamente valorado por los capitales mundiales (especialmente los “golondrinos”).

¿Cuántas veces hemos sabido de bancos chinos o japoneses que financian los déficit de EU y a los consumidores gringos, al devaluar sus monedas para “estimular la competitividad” de sus sectores exportadores? Sin embargo, este mecanismo es precisamente el que Trump denuncia como “explotación” de los países exportadores en perjuicio de EU. Irónico, ¿no?



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