Te encuentras en:
>
Olivia Martínez Valenzuela
Política

Sí deja el negocito

Viernes 11 de Agosto 2017

El alcalde de Pesquería, Miguel Ángel Lozano, es un campeón en eso de la corrupción y la conspiración, es un maestro de la transa, del engaño y de la simulación, un pseudo político que ha tejido sus redes de impunidad, que recurre a las prácticas gangsteriles y que nada tiene que hacer al frente de un municipio que, la verdad, merece tener un destino mejor.

Un día sí y otro también salen a relucir actos que a cualquiera avergonzarían, pero que al alcalde parecen enorgullecerlo y que están coronando de la peor manera su segundo trienio como presidente municipal: compra de terrenos en forma dudosa, conspiración en contra de sindicatos y financiamiento de grupos delincuenciales que usa para atacar a quienes le estorban en sus intereses y en su camino.

Como todo un porro, este presidente municipal que fue dirigente del PRI estatal de Nuevo León sigue extendiendo sus tentáculos para seguir haciendo de las suyas sin que nadie lo frene. Y lo ha logrado: le vendió su alma al diablo pactando su impunidad con el gobernador Jaime Rodríguez, al que ahora sin descaro alguno sirve. Este empresario transportista convino con el mandatario perjudicar a otros grupos del ramo, por decir lo menos. Y por decir lo más: se ha prestado a maniobras del gobierno estatal para perjudicar a enemigos comunes. 

Si los exfuncionarios que autorizaron la entrega de apoyos a la armadora coreana KIA están sujetos de investigación, si todos han desfilado por el paseíllo que conduce del Ministerio Público a los juzgados y pende sobre ellos la amenaza de ser encarcelados, ¿por qué, entonces, a Miguel Ángel no lo tocaron ni con el pétalo de una rosa? Obvio es que fue porque negoció con el gobernador para que no le cortaran la cabeza, a cambio de pasarle información que sirviera para incriminar a otros y no a él. 

En cualquier régimen de justicia, la sola divulgación de que una autoridad como el alcalde sobornó a terceros para crear una nueva federación sindical sería motivo de una investigación. Pero como él se arrimó a la sombra del gobernador y éste ordena al titular del Ministerio Público, no se procesará nada y su caso no llegará al Poder Judicial. Así las cosas, el presidente municipal seguirá impune. Con suerte para él y para desgracia de los habitantes de Pesquería, hay la amenaza de que este edil se reelija en el 2018.

Por pudor, el PRI debería cuando menos expulsarlo de sus filas para que otros no sigan ese ejemplo de corrupción. Pero tampoco el tricolor ha hecho nada. Al contrario: sigue teniendo su fotografía en la galería de expresidentes de ese partido en la entidad... como si las corruptelas fueran motivo para enorgullecerse.

El poder no es para siempre. Viene enlatado en un paquete que trae caducidad. Y tarde o temprano, Miguel Ángel deberá rendir cuentas si no ante el Poder Judicial sí ante la Auditoría Superior del Estado que es la que fiscaliza el manejo del erario que, ahora sabemos, él usa para amenazar, intimidar, comprar y amedrentar. 

Si el negocito de la alcaldía le ha dejado a Miguel Ángel jugosos dividendos, es claro que él hace y hará hasta lo imposible por encabezar otro trienio al frente del municipio. ¿Qué sigue? ¿Qué es lo que está por verse? Nada bueno. Así que en un sistema donde reina la impunidad, desgraciadamente en Pesquería con Miguel Ángel habremos de esperar más corrupción, más delitos y muchas cosas peores.

Otras editoriales