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Cultura

Ser camarista en el “Hotel México”

Sábado 03 de Agosto 2019

Roberto Uriel

Quienes vayan al cine a ver “La camarista” esperando encontrar una denuncia sencilla sobre las injusticias para una persona como empleada de un hotel, se equivocan. No, no vamos a ver un retrato estilo “Mujer, casos de la vida real”. 

Lo que va a pasar es que nos encontraremos de frente con auténtico cine de autor, o mejor dicho, de autora, que nos invita a sentarnos con calma, disfrutar con detenimiento la película, acompañar a Evelia en su día a día en el hotel para el que trabaja e interpretar lo retratado en pantalla.

Y es que resulta demasiado interesante el punto de partida elegido por la directora Lila Avilés (CDMX, 1982) para su ópera prima. En estos momentos un buen crisol de la realidad socioeconómica de nuestro país es un hotel de lujo. ¿Por qué? 

Para empezar, uno de estos complejos en una ciudad está construido a modo de edificio con varios pisos de altura. Quienes se hospedan en las suites o habitaciones más lujosas son quienes tienen mejor poder adquisitivo. Y éstas se encuentran en los pisos superiores. A ellas tienen acceso los empleados, pero sólo para servir. A la mitad se encuentran las habitaciones un poco más baratas que las de arriba, pero que igual son de una clase con ciertos privilegios socioeconómicos.

El personal de hotel casi siempre tiene su base en el piso de abajo, o incluso en los sótanos. Ahí se vive un ambiente diferente. Algo que muy a su manera había retratado en su momento la película “Titanic”, y que incluso también podemos ver en películas más recientes como “Hotel Mumbai”, aún en cartelera.

En ese escenario de varios pisos de alto es donde encontramos a Evelia, una joven madre de un niño de 4 años, a quien sólo conocemos por las llamadas telefónicas que sostiene. Ella es camarista, y está convencida que con su esfuerzo y dedicación va a lograr tener un ascenso en su trabajo. Literal... Busca servir en la suite principal, la del piso más alto. La vemos tomar algunos cursos y para el romance no hay tiempo. Pero todo es complicado.

Quienes tienen un empleo de carácter operativo, y que son son vistos desde una posición privilegiada, cabe la posibilidad de que no se les tome en cuenta. Que lleguen a ser personas casi invisibles, a menos que se les requiera para algo. 

Pocas personas se detienen a ver que Evelia es una persona como cualquier otra. Con sueños, aspiraciones. Incluso sus mismas compañeras de trabajo, víctimas acaso de la situación social, la ven a ella también como una persona que les puede ayudar en determinado momento, o quien les puede comprar algunos productos de catálogo que, realmente, no necesita. Pero es que todos tratamos de ganar un dinero extra, tan necesario en estos tiempos.

La narración avanza y vemos cómo a empuje y codazos, Evelia irrumpe y consigue llegar a su objetivo, aunque eso signifique encontrar la nada.

La actriz Gabriela Cartol, a quien habíamos visto en otras cintas como “La tirisia” o “Sueño en otro idioma”, da vida a Evelia. Se metió en la piel de la reservada camarista para atraparnos con su prudencia, su dedicación, las exigencias de sus jefes, su deseo de superación, su trabajo diario. La acompañamos y sentimos su anhelo de darse un baño con agua tibia de una regadera tras una larga jornada en el hotel. Ahí, porque bañarse en casa sería hacerlo “a jicarazos”. 

La película, fotografiada excelentemente por Carlos Rossini, se estrenó este viernes en salas comerciales, tras ganar el Ariel como Mejor ópera prima y el premio Mejor Película en el Festival de Cine de Morelia. 

Por el tema social, espero que esta película funcione para lograr beneficios para quienes desempeñan ese trabajo, como ya lo hizo “Roma” con las labores domésticas. Ojalá que sí.

 

Espero sus comentarios en @Roberto_INFO7.

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