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Olivia Martínez
Política

Sedesol...idariza

Sábado 24 de Junio 2017

Olivia Martínez

¿Por qué es tan difícil ser solidario con los que lo necesitan? ¿A qué nivel de indolencia ha llegado la clase política, tan acostumbrada al despilfarro de los recursos ajenos y a la apatía con las causas ciudadanas? Lo estamos viendo con los adultos de la tercera edad, a los que les escamotean la entrega individual de mil 160 pesos bimestrales del programa "65 y Más".

A ninguna autoridad, comenzando por la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno federal, que es la que opera el esquema, parece dolerle el tortuoso trámite que tienen que hacer las abuelitas y abuelitos para cambiar sus tarjetas de pago: largas filas, horas de espera, jornadas agotadoras, de pie, con el calor infernal, bajo el agobiante sol, sin agua, ni facilidades para la estancia, y luego les salen con que no es ahí y los regresan mandándolos a otro módulo que está en otro extremo de la metrópoli.

No tienen en cuenta que casi todos los beneficiarios están en triple vulnerabilidad: pobreza, discapacidad o enfermedad y sin familiares que los ayuden. Muchos de ellos van en sillas de ruedas y tienen que pagar un taxi desde su casa hasta el módulo, servicio en el que se les va una buena parte de los recursos que aún no reciben. El sufrimiento pleno, y a nadie le importa.

Un gobierno indolente, insensible, es lo peor que le puede pasar a una generación que fue parte de la clase productiva o que ayudó a ella. Si de por sí el monto del apoyo es bajo, lo menos que el gobierno federal debería hacer por estos beneficiarios es facilitarles la entrega. ¿Por qué los miles de empleados que la dependencia federal tiene distribuidos en todo el país no van a la casa de cada uno de ellos a renovarles sus tarjetas y de paso les entregan el dinero? ¿Es tan difícil ponerse en los zapatos de los demás?

Es una lástima que la dependencia federal se alce el cuello pavoneándose de la entrega de estos recursos... cuando hacen sentir miserable a los beneficiarios, que en muchos casos están viviendo sus últimos años, meses, semanas o días. Un trato indigno contra ellos debería ser juzgado y procesado como un delito contra la humanidad. Por el sufrimiento y la indignación que los beneficiarios sienten, en un régimen de justicia eso debería pasar.

¿Dónde queda la solidaridad que presume la Sedesol? A ver: ¿qué pasaría si el abuelito o la abuelita que enfrenta el calvario para recibir los recursos fuera papá del secretario de la Sedesol a nivel federal o hermano del delegado en Nuevo Léon? ¿No les daría pena tratar así a los adultos mayores?

A nivel nacional, el secretario Luis Enrique Miranda no ha hecho la tarea. Sale reprobado. Y a nivel estatal, el delegado Fernando Torres Sánchez también se ve negligente. A ambos les vendría bien salirse del confort y el climita de sus oficinas para sufrir en carne propia lo que los beneficiarios del programa padecen.

Pero eso es mucho pedir. Quizá el año venidero, que es electoral, se pongan las pilas con el interés electorero de conseguir votos para el partido en el poder. Si esos funcionarios sobreviven para ese entonces en sus cargos, quizá intenten modificar las cosas para bien con la intención de que el partido del gobierno al que sirven se perpetúe. Y si no son ellos, serán otros. Lo mismo da.

En el argot popular, a la dependencia federal ya la rebautizaron: de Sedesol pasa a llamarse "Sedesol...idariza" y debería ser clausurada por no cumplir con su función.


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