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Primer Plano
Roberto Uriel

Preguntas que queman

Martes 19 de Marzo 2019

Roberto Uriel

Una de las grandes ignoradas por las premiaciones más populares de la temporada, incluidos los Óscar, llegó este fin de semana a las salas comerciales de México: “Burning”, del coreano Lee Chang-dong.

Se trata de un thriller con tintes de drama, adaptación libre del cuento “Quemar graneros” del reconocido escritor japonés Haruki Murakami. Quien lo haya leído podrá encontrar puntos de similitud entre ambas obras.

El inicio se da con el encuentro que tiene Jong-su (Yoo Ah In), un joven mensajero aspirante a escritor, con Hae-mi (Jun Jong-seo), una conocida de la infancia. Ambos vivían una pequeña localidad rural, y ahora están en Seúl. Reactivan el contacto, incluso de forma íntima.

Pero ella irá a un viaje por África, desea conocer una misteriosa tribu, en donde hay dos tipos de personas: los hambrientos y los muy hambrientos, los que desean más. Así que le pide que cuide a su gato, Caldero, mientras ella está fuera. El felino es misterioso y nunca se deja ver, ni cuando va a dejarle su ración de comida.

Hae-mi regresa de su viaje, pero acompañada de Ben (Steven Yeun), un joven misterioso y adinerado que por casualidad conoció en África. Jong-su considera a Ben una especie de Gatsby. Comienza una especie de triángulo amoroso que no queda claro bien si de eso se trata. 

Pero todo tiene un giro de tuerca cuando Ben confiesa a Jong-su que su pasatiempo es quemar graneros, esos que abundan en la zona rural de Corea, y luego misteriosamente Hae-mi desaparece. Mientras tanto, Jong-su no da muestra muy claras acerca de qué trataría su primer libro.

Chang-dong es un cineasta que se toma su tiempo para crear una nueva película. Su filme anterior a este lo estrenó en 2010, “Poesía”, con la cual se llevó el premio al mejor guión en el Festival de Cannes. Ha sido desde sus inicios un personaje de las grandes ligas, y con sobradas razones. En 2003, con “Oasis”, ganó el premio al mejor director en el Festival de Venecia, y en 2007, “Secret Sunshine” fue nominada a la Palma de Oro.

Mi primer acercamiento a su cine fue precisamente con “Poesía”, un filme magistral construido sobre la base de las emociones, acerca de una mujer de la tercera edad que, ante la puerta del Alzheimer, toma un taller de escritura en una casa de la cultura. Ahora ella ve la belleza delicada en lo absurdo de la existencia, con algunas sorpresas incluidas.

Volviendo a “Burning”, Chang-dong se toma también su tiempo al construir su narración, a veces surrealista, a veces tan cargada de realidad. Su obra plantea más preguntas que respuestas, y eso obliga literalmente al público a repasar una y otra vez las secuencias, las palabras, las situaciones, a lo largo de las 2 horas y 28 minutos. Es una película que obliga a pensar. 

Por eso, también requiere sobrada paciencia y disposición. Leyendo comentarios en las redes sociales de quienes ya la vieron hubo algunos que me llamó la atención: “nunca pasó nada”,  “tiene mucha forma pero poco fondo”.

Yo creo que es al revés, tiene mucho fondo y la forma surge como algo derivado. Si bien, la forma es una genialidad. Es un deleite la realidad retratada por la cámara de Kyung-Pyo Hong. Una narración no adecuada para quienes acostumbran relatos de causa y efecto.

Al acompañar a los tres personajes en su juego peligroso, podemos ver, adicionalmente, el choque de clases que sucede en muchos países del mundo. La Corea rural, con sus graneros abandonados, quizá ante el avance de la Corea industrializada y cosmopolita que da su cara más espectacular al mundo. 

Un personaje que vive en la opulencia, pero que gusta de quemar los resquicios del desarrollo en el campo. Otro que viene del campo y que no ha encontrado su lugar en la urbe. Por otra parte, una línea fronteriza que marca una diferencia abismal de regímenes políticos.

“Burning” recupera la esencia de las nuevas poéticas fílmicas y está tan llena de metáforas que puede encerrar una denuncia social. Desde la vista del personaje central, Jong-su, los personajes transcurren en su existencia. Mientras, él comparte con el público sus preguntas. ¿Qué sucedió con Hae-mi?, ¿quién es en realidad Ben?, ¿existió alguna vez el gato Caldero?, ¿los graneros son fáciles de quemar?… Las interrogantes avanzan a ese impresionante final que agrega más preguntas. La satisfacción será tratar de darles respuesta.

La adaptación al cine de un relato escrito, libro o cuento, representa todo un reto, pues es trasladar el lenguaje escrito a un medio que tiene su propio lenguaje. En ese sentido, Dong-chang, que por cierto fue secretario de Cultura en Corea entre 2003 y 2004, cumple con creces. Su obra se suma a la oleada de cine proveniente de este país que ha marcado presencial en el mundo.

Esta una película estrictamente para la pantalla grande, que requiere la disposición que sólo una sala oscura de cine puede proveer. Espero que la disfruten y me dejen sus comentarios en @Roberto_INFO7.






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