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Economía

Oruga en reversa

Martes 01 de Diciembre 2015

Guillermo Fárber

Lo dice David Stockman en It Is Different This Time – Now Comes The Global CapEx Depression: el siguiente bache económico global es la incipiente depresión en el neurálgico sector de las inversiones en bienes de capital. Y da una muestra clave del surgimiento de este temible fenómeno: Caterpillar.

Caterpillar es la marca dominante entre los fabricantes de equipos pesados para una enorme variedad de usos (construcción, minería, agricultura, guerra). Tiene una larga historia, desde su cosechadora de 1886. Es líder mundial entre los fabricantes de bienes de capital, está presente en todos los continentes, y su color distintivo es el amarillo (sus equipos no están pintados; están hechos con metal de ese color).

La de David Stockman no es una opinión fácilmente desdeñable. Fue director de la poderosa Oficina del Presupuesto bajo el presidente Ronald Reagan (1981-1989), ex congresista y autor de varios libros, de los cuales el más reciente es: The Grand Deformation: the Corruption of Capitalism in America.

La traducción literal de Caterpillar es “oruga”, con su doble significado de cremallera para las ruedas, y estado primario de la mariposa. Revelador, ¿no?
Caterpillar acaba de anunciar un descenso de 16% en sus ventas mundiales (36% en Latinoamérica, 28% en China). Una catástrofe. Con este van 35 meses consecutivos de ventas declinantes, casi el doble que su peor periodo en la historia (durante la Gran Depresión hace 80 años). Es tan acuciante su situación, que ha puesto en liquidación todos sus equipos de inventario, con descuentos hasta del 95% y 99%.

¿Qué tan grave es una depresión en CapEx?

Es muy, muy seria y es ooootro anticipo del colapso económico global que desde hace años los agoreros hemos venido anunciando, los economistas han venido negando y los políticos han venido ignorando. “Un CaPex se ejecuta cuando un negocio invierte en la compra de un activo fijo o para añadir valor a un activo existente con una vida útil que se extiende más allá del año imponible. Los CaPex son utilizados por una compañía para adquirir o mejorar los activos fijos tales como equipamientos, propiedades o edificios industriales.”

Este desplome global de 16% es un indicador contundente de la destrucción de capital productivo en proceso, y refleja el terrible estado de la economía mundial (sobre todo Latinoamérica y China, pero no solo ellos). Hace evidente que la construcción y la minería mundiales, en particular, son áreas de desastre
Así, dice exactamente lo contrario a lo que tercamente siguen sosteniendo los presstitutes de la prensa “especializada” en economía y finanzas (Dios los tenga en su santa gloria), basados en los hiper falseados índices macroeconómicos oficiales sobre PIB, desempleo, inflación y demás.

Otro indicador confiable (porque no está manipulado por economistas oficiosos) es el Baltic Dry Index, que mide la actividad comercial global de materias primas. Este indicador registra datos duros, no inferencias, y fue creado en enero de 1985. Su valor era de mil puntos; hoy está en un mínimo histórico de 504. Espantoso e inédito.

La marea anterior
Caterpillar disfrutó de un auge extraordinario durante los 15 años previos en que sus equipos se vendieron como pan caliente, en reflejo del auge masivo en el consumo mundial de materias primas (hierro, cobre, zinc, níquel, aluminio, hidrocarburos) que a su vez fue causado por el estallido de infraestructuras industriales para la minería, la manufactura, la transportación y la distribución, y sus concomitantes bases de carreteras, puentes, puertos, ferrovías y aeropuertos, sobre todo en China y en los países emergentes.

Lo malo es que fue un auge de una sola vez, facilitado a su vez por la alucinante política económica global de los bancos centrales de QE y ZIRP (ese delirio keynesiano de poner la carreta antes que los bueyes, la demanda antes que la oferta, el consumo antes que la inversión, el gasto antes que el ahorro, el futuro antes que el presente, mediante la emisión brutal de “dinero” fíat a costo cero, que ellos siguen calificando de “estímulos” y que no son sino las bien conocidas burbujas crediticias, pretextos para derrochar, especular, mal invertir y pasarla de lujo hoy a cargo de las generaciones venideras).

¿Para qué escoger con cuidado una inversión de cualquier tipo, si dispongo de crédito abundante, fácil y gratuito para hacer cuanto se me antoje, cuando y como me salga del forro de los cojones? ¿Para qué evaluar si una aventura empresarial será rentable o no, y cuál es su grado de riesgo? A costo cero, casi cualquier empresa es rentable y sin riesgo, pensaron muchos. Y así actuaron. El resultado: una borrachera económica.

Llegó la resaca
Ahora estamos entrando en la cruda. La espantosa, indeseada, cruda que arrasará con el mundo entero (si antes no lo hacen con ooootra guerra mundial inducida los poderes fácticos que crearon y ordeñaron la mega borrachera global). Han pospuesto siete años el síndrome de abstinencia y el colapso final inevitable, a punta de inyectarle más droga (monetaria) en la vena a la economía global. La teoría keynesiana es que con dichos “estímulos” monetarios a la demanda agregada la economía se fortalecerá y saldrá por sí misma, con ímpetus renovados, del estancamiento.

Lo han intentado cientos de veces, en docenas de países, y nunca ha sucedido así. Pero ellos lo siguen intentando con admirable tenacidad que se estrella una y otra vez ante la realidad. Pero ellos jamás se dan por vencidos. Invariablemente se llevan entre las patas a la economía entera, pero ellos lo continúan intentando. ¡Qué admirable convicción!

¿Cuánto más podrá sostenerse esta borrachera? Nadie lo sabe. Solo podemos afirmar que no será eterna. Nunca nada lo es en este universo. CapEx es apenas la avanzada del colapso mundial que se nos viene encima.

Declive imparable
Cierto que aún hay una fuerte demanda en muchos países para productos terminados destinados al consumidor final (autos, accesorios diversos, combustibles, etc), pero hoy por hoy el impacto no se ve ahí todavía, sino en el sector CapEx: las inversiones necesarias para producir las máquinas con las cuales fabricar dichos productos finales.

El sector de CapEx es extremadamente intensivo en uso de energía y materias primas industriales. Los actuales precios ridículos por tonelada de material de hierro o barril de petróleo, no son más que los primeros adelantos de la severa corrección deflacionaria en curso, aunque por lo pronto las industrias directamente golpeadas sean solo la minería y la extracción de petróleo. Pero el efecto de cascada irremediablemente afectará al resto de la actividad económica.

Ya éramos muchos y parió la abuela
Se calcula que en el mundo las empresas en bolsa multiplicaron por cinco cada año, durante 2012 y 2013, sus inversiones en este renglón de bienes de capital (para llegar a $2.5 anglotrillones de dólares) bienes de capital. Se trató en buena medida de sobre inversiones y mal inversiones. De modo que puede estimarse que la contracción esperada en este renglón será de más de un anglotrillón por cada uno de los próximos diez o más años. Espeluznante panorama.

Digo, nada más para dimensionar un poco el tamaño de la cruda global que viene.
Y es que el exceso en el mundo de capacidad instalada y equipos pesados (fábricas, equipos, barcos, contenedores, excavadoras, tractores y demás) es simplemente masivo. Como dice mi compadre: todo exceso es demasiado. En consecuencia, el desplome en los precios de equipos usados será enorme. Esto ya se ve en el caso de Caterpillar, con pasmosas e inéditas rebajas (por ejemplo hoy puedes comprar un 992C de $2.9 millones en $15 mil).

Por tanto, los pedidos de nuevos equipos se diferirá indefinidamente y es prueba de la aberrante exuberancia de los “estímulos” crediticios, que creó la burbuja en los commodities y CapEx, a su vez generada por las descomunales inyecciones de liquidez de los bancos centrales. Esto hace que el ciclo que está iniciando su terrífico descenso, sea mucho más drástico que los ciclos de negocios precedentes de 1981-1983, 1990-1992 o incluso el de 2000-2002.

China, en el meollo
En el corazón de este súper ciclo está el esquema Ponzi de China. Durante los 15 años precedentes, por ejemplo, su producción acerera se multiplicó por ocho y esas 825 millones de toneladas extras producidas el año pasado, causaron que su consumo de mineral de hierro más que se duplicara.

Pero la historia no termina ahí. El incremento en su capacidad de producción fue aún más formidable. La descomunal abundancia crediticia permitió a las acereras chinas ampliar su capacidad instalada a un ritmo todavía mayor que su ya alucinante su producción anual. De manera que su capacidad instalada de producción anual  es de más de 1.1 mil millones de toneladas (y casi toda esa capacidad nueva fue construida en los últimos veinte años).

Esa inmensa expansión acerera china generó enorme incrementos en su demanda por accesorios necesarios para fabricar esos nuevos hornos, bodegas de materias primas y de producto terminado, equipos de carga y descarga, roladoras, camiones especializados, grúas, etc. En resume, podría decirse que la industria acerera china ha estado persiguiendo su propia cola, pero ahora ese fascinante carrusel se ha topado con un abrupto final y, por primera vez en tres décadas, se proyecta que su producción acerera sufrirá un descenso de dos o tres puntos porcentuales.

Se espera una demanda doméstica de un máximo de 500 millones de toneladas, y ya es evidente que muchos países han levantado barreras comerciales proteccionistas contra los excedentes chinos. Esto significa que China tendrá más de medio millardo de toneladas  de capacidad instalada en exceso, lo cual inevitablemente desplomará los precios y por ende las utilidades. Pero más grave aún es que la trampa tendida por esa demanda extra de acero debida a la burbuja de CapEx generada por la artificial inflación crediticia de los bancos centrales, se ha cerrado, dejando atrapada a buena parte de la economía china en un futuro de ocio no creador. Y esto incluye a astilleros y minas.

Pero no es su propia cola su único segmento de mercado perdido. Aún más fantástico que el crecimiento de su industria acerera ha sido el crecimiento de su producción automotriz. En 1994, China fabricó 1.4 millones de vehículos que eran básicamente esqueletos primitivos de autos y camiones de la era de Mao. El año pasado, produjo más de 23 millones de vehículos modernos tipo occidental. No se prevé demanda que la absorba.

La cosa es aún peor. China se volvió loca construyendo plantas armadoras y agencias distribuidoras, y hoy se calcula que tiene una capacidad instalada para fabricar 33 millones de vehículos por año. La demanda real es mucho menor que eso, pero ha sido temporalmente “estimulada” por el gobierno chino a través, claro, de mecanismos tributarios que simplemente traen al presente la demanda futura (los keynesianos también hablan mandarín, jeje). ¿Y luego, apá?

Pero lo más importante, empero, es que a medida que el esquema Ponzi chino se desploma, sentencia al sector a una parálisis severa. La conclusión es obvia: no habrá ninguna nueva construcción de capacidad instalada automotriz en China en muchos años por venir. Y si ya hoy se ahoga en exceso de capacidad instalada, con las previstas caídas en precios y utilidades en los próximos años, el sector de CapEx de la industria automotriz sufrirá también un seco frenazo.

En consecuencia, su consumo de acero estructural para plantas nuevas, se desplomará y eso causará une significativa reducción en su demanda por los sofisticados robots, herramientas y máquinas  alemanas. Esta contracción ya en curso no solo en China sino también en Brasil, Australia y buena parte de los mercados emergentes, rebotará en el resto de la economía global.

Moraleja
La moraleja, que los keynesianos jamás entienden a pesar de cientos de precedentes históricos, es que los excesos de crédito barato y capital errado, son los padres de un sinnúmero de pecados económicos.

De hecho, la cascada de ajustes derivados de esta depresión en el sector de CapEx afectará de manera profunda todo el edificio de la economía global, dejando a su paso numerosas e inesperadas víctimas. Una de ellas será (ya es) la industria minera de mineral de hierro… y las grandes máquinas mineras amarillas con que comenzamos este artículo.

Durante su boom masivo, China consumió principalmente mineral de hierro virgen, no reciclado, porque la burbuja-de-una-sola-vez todavía no generaba suficiente cantidad de chatarra. Pero ahora que su flotilla vehicular, su infraestructura pública y sus fábricas sobrantes comienzan a envejecer, se atrofian o son de plano desmanteladas por orden de sus soberanos de Pekín, China se ahogará en chatarra y lo menos que necesitará es material de hierro virgen.

Esta es quizá la razón por la que tener precios reales para el dinero y el capital, es un ingrediente fundamental para que exista una verdadera prosperidad capitalista. Esta es también la razón por la que hoy no tengamos nada que se le parezca.

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