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Cultura

Las niñas bien

Lunes 15 de Abril 2019

Roberto Uriel

“Las niñas bien” es un buen ejemplo de, como se dice comúnmente, la película resultó mejor que el libro. Como ya sabemos, hay cintas que se hacen a partir de una obra literaria o que la historia contenida en sus páginas es adaptada a la pantalla grande. Y siempre se dan opiniones encontradas.

Sin embargo, me llama mucho la atención el caso de “Las niñas bien”, porque no quiere decir que el libro de la escritora mexicana Guadalupe Loaeza no sea una buena obra. Pero quienes ya lo leyeron y además vieron la película que se estrenó hace un par de semanas en nuestro país no me dejarán mentir.

No vamos a hacer comparaciones entre una obra y otra, basta decir que como es bien conocido, el texto de Loaeza se publicó a modo de piezas periodísticas en los años 80 en la prensa de la Ciudad de México, y que en la segunda mitad de la década, una editorial reunió esos textos en el libro que se llama “Las niñas bien”. En general es un texto más descriptivo, anecdótico, sátira con referencias a cierto grupo social antes y después de la crisis económica de 1982 en México. La película, por otra parte, es un relato de una historia lineal.

A lo largo de los años, a la par del éxito del libro, siempre existió la idea de que sería una buena posibilidad llevarlo a la pantalla grande. Y Loaeza no estaba muy convencida de ello. Pero recientemente, por fin, dio su consentimiento. Hoy la película es una realidad y ya está en las salas de cine del país.

“Las niñas bien” es el segundo largometraje de la directora potosina Alejandra Márquez Abella, después de “Semana Santa” (2015), y quien, como dato extra, nació precisamente en el año 1982. Ella también creó el guión de la cinta, en el que se dio a la tarea de adaptar las crónicas de Loaeza para dar forma a la historia que se cuenta. Y si trasladamos el término a la actualidad, “bien” podría ser equivalente a como se dice ahora por algunas personas, “fifí”.

Vemos a Sofía (Ilse Salas), una joven ama de casa capitalina, de amplias posibilidades económicas, que gusta de comprar sus vestidos en el extranjero, Nueva York, específicamente. Aunque ella es el personaje central, es la puerta de entrada para conocer las vidas de un grupo de mujeres con ciertos privilegios, pero que enfrentan ese momento de coyuntura de nuestro país.

El tema de los grupos sociales definidos a partir del poder económico no es nuevo, y ya ha sido tratado ampliamente en diversas plataformas. Y el peligro que se corre es abusar de los estereotipos, explotar en exceso las etiquetas, sin explorar o dejando de lado las posibilidades dramáticas o humanas de los personajes. Por citar un ejemplo, “Mirreyes vs Godínez”, de Chava Cartas.

Pero viví una grata sorpresa con “Las niñas bien”. Sofía, acostumbrada a los lujos y a impresionar a las demás personas, ve trastocado su mundo de un día para otro debido a los problemas financieros. Una mujer acostumbrada a eso, caída en “desgracia”. Sería fácil ser condescendientes con ella o, por el contrario, burlarse. Pero no. Márquez Abella construyó un retrato incisivo, serio, y por demás interesante de un grupo, de una persona y del país.

La guionista y directora no se va por la fácil. No idealiza al personaje de Sofía, ni a sus amigas, y se agradece además que no se exploten los estereotipos. No se ve resentimiento. Tampoco alude o satisface deseos de revancha de clases sociales. No. Interesante también la mirada hacia los maridos, el machismo, y la situación de las trabajadoras del hogar.

Se trata de una película que además, en la parte técnica, está resuelta con amplia destreza y autoridad. Se disfrutan las escenas de las comunes charlas de café entre amigas, en las que cada frase es ilustrativa; pero más aún cada gesto, por mínimo que sea, es aún más revelador que cada frase.

Es ahí donde es preciso señalar el excelente trabajo de Ilse Salas. Los matices en su mirada, en sus expresiones, en su manera de conducirse, de poner en relieve el vacío que enfrenta Sofía, son por demás destacables. Ella ha aceptado en varias ocasiones que le pareció extraño resultar electa para dar vida a este personaje, que ella podría despreciar a primera vista. Pero sin duda, su trabajo interpretativo es de lo mejor de este largometraje.

Fue una cinta con un toque femenino en muchísimos sentidos. La fotografía corrió a cargo de Dariela Ludlow, ganadora del Ariel en 2018 por su trabajo en “Los Adioses” (2018), sobre una de las pioneras del feminismo en México, Rosario Castellanos y dirigida por una de las cineastas más interesantes en este momento, Natalia Beristáin. Es interesante cómo Ludlow resuelve desde la fotografía el cambio de realidades para el personaje de Sofía, en las escenas cuando tiene los privilegios del dinero y cuando vive momentos de crisis.

Otro punto importante es la música. El compositor mexicano Tomás Barreiro es el encargado de su creación, después de cintas como “Museo” (2018) y “Güeros” (2014), ambas de Alonso Ruizpalacios. Con su participación demuestra lo que él ha sostenido: que México tiene en estos momentos una generación muy talentosa en composición.

En una entrevista reciente, la escritora Guadalupe Loaeza elogió la película, al grado de decir que es mejor que el libro. Pues sí, hay obras fílmicas que dejan una muy buen impresión, al grado de sentir que superaron al libro del cual surgieron. “Animales nocturnos” (Tom Ford, EU, 2016), que se basa en el libro “Tres noches” de Austin Wright, por citar un ejemplo reciente.



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