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Cultura

"Guerra Fría”, o el amor relativo y absurdo

Viernes 15 de Febrero 2019

Roberto Uriel

A él se le ubica mayormente luego de que en 2015 su cinta “Ida” ganó esa estatuilla a mejor película extranjera, aunque ya traía alrededor de 20 años de filmaciones en su trayectoria. Nació en la Polonia comunista, pero a los 14 años abandonó el país junto a su madre y se instalaron en Londres definitivamente.

El título de “Guerra Fría” puede resultar un tanto confuso para el público dado que hace referencia a este periodo de la historia mundial, que va de finales de los años 40 y hasta finales de los 80 del siglo pasado, pero se trata, esencialmente, de una historia de amor… y tragedia.

Es en esa época en que está ambientada la narración. Comienza en el año 1949, en Polonia. Wiktor (Tomasz Kot), un director artístico, hace audiciones entre campesinos para conformar la agrupación folclórica Mazurka.

La joven Zula (Joanna Kulig) destacó entre todas las personas que acudieron al llamado. Mientras las demás interpretaron canciones tradicionales, ella eligió un popular tema de origen ruso. Su arrojo e imponente belleza cautivan a Wiktor. Y ya no hay vuelta atrás.

Obviamente ella fue seleccionada, y la compañía recorre algunas localidades de Europa con éxito. Zula se convierte en la estrella. Pero el momento histórico se hace presente. El grupo recibe órdenes de incluir canciones pro Stalin en su repertorio. Y comienzan los desencuentros. Wiktor lo rechaza y Zula no lo ve tan mal. En Berlín, él propone a ella que escapen juntos tras una función, pero Zula no lo hace. Comienza una relación con dificultades.

En varios episodios, por así llamarles, vamos viendo el desarrollo de esta relación tormentosa a lo largo de 15 años, en el que los amantes enfrentan la ausencia uno del otro, los sinsabores de lo que significa ser humano, las decisiones políticas, el entorno social, la música…

La cinta de Pawlikowski resulta por demás interesante porque además de tratarse de una historia de amor situada en un momento clave de la historia mundial reciente, funciona como una referencia de que el ambiente social, económico y político incide directamente en las relaciones humanas, no se diga en el amor. Es decir, sitúa al romance en un contexto totalmente terrenal y humano, contrario a lo que la tradición y la fantasía han difundido.

En una entrevista con El Periódico de Cataluña, el director fue cuestionado al respecto y señaló que el clima político de la Europa de posguerra le sirvió para mostrar “cómo el contexto determina los comportamientos y las relaciones personales y los deforma”.

Y va más allá. El director ha aceptado abiertamente que para esta obra se inspiró en la historia de sus padres, quienes tuvieron una relación muy larga, fallecieron a finales de los 80, pero tuvieron altas y bajas, como toda relación real. Al final, el amor puede ser relativo o  cómicamente absurdo, a decir del director.

Pawlikowski dijo que con el paso del tiempo entendió que para mantener la integridad, el cineasta debe explorar su pasado y el de su país, su identidad, y aunque no busca explicar Polonia, la historia le sirve de marco para presentar un romance trágico.

De entrada, la fotografía en blanco y negro de “Guerra Fría” es delicadamente bella, es su primer anzuelo. Cada plano está perfectamente calculado. Es una clara evocación al cine clásico. Sobra decir que la cámara ama a la pareja protagonista. Como acudir a un sueño.

“Guerra Fría” fue una de las películas que más llamaron la atención en el Festival de Cannes, y se llevó el premio de mejor director.  Con aire académico, la cinta reta al espectador a abrir sus sentidos y apreciar el arte y la vida, en un momento en el que, como dijo Pawlikowski, el gran público, las masas, lo que pide son son argumentos y emociones simples. Pero, sin duda, se agradece que existan cineastas tan fieles a sí mismos como él.

Espero sus comentarios en @Roberto_INFO7.


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