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Economía

¿Ganaste o robaste?

Lunes 02 de Noviembre 2015

Guillermo Fárber

Esta reflexión no la hace ningún marxista rábido y envidioso, sino el self-made man Bill Bonner, un analista financiero gringo que de la nada se ha convertido en multi millonario cosmopolita y tiene ahora un boletín web con más de dos millones de suscriptores que pagan; más grande que el Wall Street Journal y el New York Times, juntos. O sea, Bonner no es el clásico “enemigo de los ricos” por puro resentimiento. Lo que pasa es que aquí denuncia una de las más obvias manifestaciones del financierismo, ese anti capitalismo tan en boga.

“En los últimos años, los tenedores de acciones se han vuelto mucho más ricos que antes. El índice bursátil Dow-Jones subió de 6,547 puntos en 2009 a 17,215 puntos, el viernes 16: un incremento de riqueza para los accionistas de 11 anglotrillones de dólares. En el mismo periodo, el PIB de EU (el total de productos y servicios generados el país) aumentó de 15 anglotrillones a 20. Es decir, la Bolsa ha crecido a un ritmo 4 veces superior a la economía real. ¿Cómo puede ser? ¿De dónde viene ese enorme diferencial de riqueza?

“Los incrementos en el PIB supuestamente deberían significar incrementos en la riqueza general, tanto del trabajo como del capital. Pero los incrementos de riqueza desde 2007 sólo han ido a propietarios y ejecutivos, y nada a los trabajadores. Por eso tantos políticos y opinadores señalan continuamente la ‘desigualdad’ social en EU.” 

Más allá de la demagogia

“A nosotros no nos preocupa que la nueva riqueza generada no se reparta ‘equitativamente’. Lo que pasa es que, en realidad, no ha habido ninguna ‘nueva’ riqueza que distribuir”, añade. El aumento en la riqueza de los inversionistas no se debió a que se quedaron con la parte del león de la ‘nueva’ riqueza producida, ni siquiera con toda esa ‘nueva’ riqueza, sino algo aún peor. Además de quedarse con todo ese incremento, se agandallaron buen parte de la riqueza anterior. O sea, cometieron hurto (si se oye feo, cambiemos la palabra por robo, rapiña, saqueo, atraco o agandalle, que suenan menos ofensivas).

Como resultado, los accionistas tienen hoy un mucho mayor derecho a la riqueza social existente. Si venden hoy sus acciones y con ese dinero compran activos tangibles (casas, tierra, autos, etc) tendrán una posición muy mejorada: tendrán más que antes, mientras que otros tendrán menos. Por supuesto, la ‘riqueza’ incrementada que tienen no es real, sino sólo de papel. Su nueva riqueza puede ser usada, pero por lo pronto es puramente  virtual.

Esa “nueva” riqueza la pueden convertir en algo real, pero más vale que se apresuren a hacerlo mientras aún pueden hacerlo. El castillo de naipes está a punto de colapsarse otra vez como en 2000 y en 2008, pero más drástica y duraderamente que en otras ocasiones anteriores. La tentaciones de seguir en el casino son canijas, sin duda,  las descargas de adrenalina son adictivas. Pero la sensatez recuerda que más vale salirse un año antes que tratar de hacerlo un segundo después, cuando las puertas están bloqueadas por tantos apanicados que quieren huir.

Saber jugar el juego

Como siempre, hoy algunos ganan y otros pierden. Los ganadores suelen ser astutos: en la antigüedad fueron chamanes o agricultores; luego fueron mercaderes itinerantes; antier fueron mineros; ayer fueron industriales; hoy trabajan o especulan en el medio financiero; mañana no se sabe (¿nanotecnología, software, robótica?) pero quizás estarán fuera del casino virtual de hoy. Hasta los hoy todopoderosos banqueros no siempre están en la cumbre.

Los ganadores saben de qué se trata este juego cambiante, y cuándo saltar de un vagón a otro. Conocen o intuyen que la economía de este mundo se mueve en ciclos: sectores, lugares. Ayer los gold bugs eran objeto de burlas; mañana probablemente serán los dominadores.

Los ganadores estuvieron en España en el siglo 17, en Holanda en el siglo 18, en Inglaterra en el siglo 19, en EU en el siglo 20, probablemente en Asia en el siglo 21.

Los perdedores, en cambio, suelen quedarse atorados en sectores económicos o empleos o lugares geográficos circunstancialmente desfavorecidos. En Irlanda durante su Gran Hambruna, en Varsovia bajo la Gestapo, fabricando látigos para arrear caballos cuando Henry Ford lanzaba su primer carrito al mercado. ¿Por mala suerte, por karma negro, por idiotas? Vete tú a saber.

La clave

El secreto no es escoger un solo sitio y permanecer en él a pesar de todo. No, no es la constancia a toda costa y contra todo razonamiento. La clave es estar en el lugar correcto en el momento oportuno. Los ganadores siempre ha sabido lo que saben los políticos mexicanos: No necesito que me den; nomás que me pongan onde hay.

De 1971 a la fecha, el lugar para estar fue el mundo del dinero fíat. Ahí hubo en abundancia para todos. Exigió algunas dosis de habilidad o de suerte o de ambas cosas, cierto, pero ahí estaba el arcón de los regalos. Y tú ¿ganaste o robaste? No importa. Siempre hay nuevas oportunidades.  Los ciclos nunca dejan de moverse.

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