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Olivia Martínez Valenzuela
Política

El cómplice huyó... sin grandeza

Jueves 13 de Abril 2017

Las cosas por su nombre: Fernando Elizondo Barragán finalmente huyó de la administración estatal de la que durante 18 meses fue cómplice y comparsa mediante la inexplicable alianza, cofradía, maridaje o contubernio que sostuvo con el gobernador Jaime Rodríguez Calderón cuando, una vez ganadas las elecciones, se repartieron como botín el pastel de la administración.

Juntos firmaron el Acuerdo por la Grandeza de Nuevo León. ¿Y qué sucede? Que apenas a año y medio de desgobierno, este exgobernador interino, un junior metido con calzador al oficio político, decide abandonar el barco, pero lo hace cobardemente, argumentando otras razones, sin admitir que está harto del lodo que él avaló y convalidó: la corrupción, la ineficiencia y la inseguridad que está a punto de devenir en la creación de autodefensas ciudadanas.

Además, Elizondo fue cómplice del descontrol en los penales, la opacidad, el nepotismo, los abusos, las promesas incumplidas, la

demagogia, los funcionarios con dobles sueldos, las giras electorales del gobernador, el vergonzoso liderazgo en contaminación y en influenza, y la ligereza del gobierno desastroso y desprestigiado que encabeza el que hasta unos cuantos días fuera su patrón, Jaime Rodríguez Calderón. Y para colmo, se teme mayor desprestigio, si el fiscal detenido en Estados Unidos por narco, Édgar Veytia, escupe ante la DEA la sopa de los apoyos dados a El Bronco.

En este año y medio de gestión, ¿dónde quedó la prometida grandeza de Nuevo León? ¿Dónde quedó el cambio? ¿Dónde los resultados de Elizondo?  Que no se queje: el cargo se lo autoinventó él, le entregaron el traje a la medida para cogobernar al crearle una Coordinación Ejecutiva que no existía y en la que él cómodamente despachó. Siendo Elizondo en la práctica el número dos del gobierno (porque el secretario general de Gobierno no cuenta), lo  que él no hizo, de plano es porque no quiso.

En el fondo, Elizondo se va porque alguien desde la Ciudad de México le sopló al oído que Jaime no será candidato a la presidencia del país y que, así pues, no podrá sustituirlo ni como interino, ni como sustituto.

Cuando el barco se hunde, los más oportunistas son los primeros en abandonarlo. Lástima que en este caso, ante un gobierno fallido, sólo haya una renuncia, cuando deberían ser dos: la de Jaime, y no sólo la de Elizondo.

Carente de oficio político, Elizondo sólo aguantó un año y medio. Este junior huye por la puerta de atrás, sin haber hecho la tarea y se va en un acto cobarde, dejando colgados de la brocha a los nuevoleoneses a los que ilusionó para lograr una grandeza que sólo en los sueños guajiros de Elizondo y El Bronco existió.



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