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Economía

Criptodivisas: ¿promesas o amenazas?

Viernes 18 de Diciembre 2015

Guillermo Fárber

La reunión secreta de Jim Rickards contra las criptodivisas, cuenta él, fue en una ubicación “segura” e incluyó a los organismos más pesados del ejército y el espionaje gringos agrupados en la USSOCOM: los Navy Seals, algunos paramilitares de la CIA, los boinas verdes, Delta Force, la Reserva Federal, etc.
“Las técnicas específicas que diseñamos contra estas redes no las puedo describir aquí puesto que eso equivaldría a dar ventajas al enemigo, pero la reunión fue una excelente oportunidad para dimensionar lo lejos que la comunidad de criptodiviseros ha llegado en tan poco tiempo.”

Las llamadas “criptodivisas” tipo bitcoin, señala, tiene dos características en común, que para los criptodiviseros son sus mejores virtudes, y para los controladores son precisamente sus dos mayores pecados. La primera es que no son emitidas ni reguladas por un banco central ni agencia gubernamental. Son creadas siguiendo ciertos algoritmos informáticos, y se transfieren a través de una red de distribución de procesamiento mediante un código de fuente abierta. (¿Tú entendiste? Yo tampoco).

Se puede destruir cualquier servidor informático que albergue un registro de criptodivisas, añade, pero la existencia de dicha divisa (currency) continuaría residiendo en otros servidores alrededor del mundo y podría ser rápidamente replicado. Es imposible destruir una crptodivisa atacando un solo nodo o grupo de nodos.

Secretas, pero no del todo seguras

La segunda característica común es su carácter de encriptado. Es posible observar transacciones que tienen lugar en “cadenas de bloques”, que son registros maestros de todas las unidades de divisas y transacciones. Pero la identidad de las partes en dichas transacciones queda oculta detrás de lo que se entiende es un código indescifrable. Solamente las partes involucradas en esa transacción en particular tienen las llaves necesarias para decodificar esa información de la cadena de bloques a fin de adquirir y usar la divisa en cuestión.

Esto no garantiza que todas las criptodivisas sean absolutamente seguras. Una buena cantidad de criptodivisas se han perdido por quienes las han confiado a ciertos “bancos” o “mercados” no regulados. Otras se han perdido a causa de mecanismo fraudulentos habituales, o porque los hardwares personales de esas llaves encriptadas (digital wallets) han sido físicamente destruidas. Pero en general, el sistema funciona razonablemente bien para transacciones tanto legales como ilegales.

También el dólar
Luego Rickards añade algo que es todo un portento de obviedad. “El dólar americano es también una criptodivisa digital en todo sentido y propósito.” Aunque todos llevamos en nuestra billetera algunos dólares de papel, la inmensa mayoría de nuestras transacciones monetarias (depósitos, pagos, compras, transferencias) las realizamos en el ámbito digital, virtual, electrónico. Todas estas transacciones se encriptan siguiendo las mismas técnicas de codificación que las criptodivisas.

Pero, y aquí el pecado mortal, lo imperdonable: el dólar gringo (y cualquier otra divisas fíat mundial) es emitido y controlado por un banco central, mientras que el bitcoin y similares provienen de fuentes privadas. ¡Fuera del control centralbanquista! ¡Horror de horrores! ¡Herejía! ¡Sacrilegio!

El escurridizo creador
Bajo el nombre (o más bien seudónimo) de Satoshi Nakamoto, se esconde un misterio: quién inventó esa cosa tan extraña, promisoria y amenazante a la vez, llamada bitcoin. Acaban de señalar a ooootro sospechoso de ser el elusivo “Nakamoto”: Craig Wright, un académico australiano.

A escasos minutos de ser denunciado por un hacker anónimo, la casa de Wright fue allanada por la policía. Así de aterrorizado está El Poder Global ante este desafío de las criptodivisas que escapan a su férreo control central, puesto que en el mero núcleo de su diseño está la gobernanza descentralizada. Pero sea o no sea don Craig el buscado genio en las sombras, el asunto no tendrá mayor impacto en el futuro del bitcoin. Esa criptodivisa es ya mucho más grande que su eventual creador, y ha adquirido vida propia (real o imaginaria, es otro cantar).

Yo, lo confieso de nuevo, sigo sin entenderla y sigo creyendo que es una artimaña atrapatarugos, pero de todos modos el asunto me rebasa también a mí. Quizá todo el rollo este de las criptodivisas sea realmente el truco de feria que mi incredulidad sospecha, pero el caso es que los mega poderes fácticos están francamente asustados. Por algo será, digo yo.

La pregunta de fondo es: ¿Son las criptodivisas una verdadera alternativa al dinero fíat o una simple rivalidad entre ilusionistas? ¿Son un nuevo amanecer para la humanidad, o tan solo un reto más al feroz monopolio centralbanquista? ¿Son una auténtica promesa monetaria, inasible y liberadora, o no pasan de ser una más de la enemil ficciones con que la humanidad ha pretendido, por milenios y sin éxito, torcer el curso invariable del devenir económico?

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