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Olivia Martínez Valenzuela
Política

¿Alforjas? Esperemos que no

Domingo 30 de Julio 2017

Dicen que todo cambia, para que todo siga igual. Y eso es lo que sucede en el gobierno de Jaime Rodríguez Calderón en Nuevo León: las mañas de siempre de los gobiernos del PRI, PAN y PRD, las viejas prácticas que él decía repudiar y que prometió que jamás pondría en práctica han sido reproducidas abiertamente en su gobierno por órdenes suyas y en abierta burla a la confianza que hace dos años la sociedad le dio.

Amiguismos, compadrazgos, nepotismo, favoritismos, moches, funcionarios cuestionados, proveedores a modo, compras simuladas y fraudulentas, desvío de recursos, viajes de autopromoción electoral en días y horas hábiles, incluyendo los que se hacen en aeronaves que implican gastos, derroches y compromisos con terceros son sólo una parte del rostro de la corrupción que tiene esta administración estatal. Y contando. 

¿A qué viene todo esto? A la sospechosa designación que el gobernador acaba de hacer de un megasubsecretario en la Secretaría de Educación, Jesús Hernández, quien ha sido uno de sus operadores financieros, amigo incondicional de muchos años, su sucesor en la alcaldía de García y a quien le hizo un traje a la medida: ordenó la creación, expresamente para él, de una enorme oficina que va a controlar todos los dineros y el manejo del personal en todas las áreas que involucra la  Secretaría de Educación, incluyendo maestros y personal en las escuelas, además de la burocracia propia de la dependencia estatal. 

Tal parece que el gobernador y él se dieron cuenta que esa minita de oro se la estaban llevando otros y ahora van a meterle mano. Algo así como 10 mil millones de pesos por año. Al rato, si no es que ya, ese megasubsecretario andará en camionetas blindadas y con escoltas trasladando dinero de un lado a otro porque a eso va: a manejar el dinero ajeno. Antes, ese funcionario estaba en la Tesorería estatal, controlando el manejo de ciertas partidas financieras, y ahora va por más... sí, por más, pues él solito controlará el manejo de ese enorme presupuesto educativo y sólo le rendirá cuentas al gobernador. A nadie más.

Y mientras eso sucede, el gobernador presume ser el rey de los inmaculados y encabezar un gobierno sin cochambre. Pero la suciedad aflora cada vez más. La corrupción, las mentiras, la demagogia y el fanfarronismo de quien alborotó a la sociedad prometiendo un gobierno diferente salieron a relucir bien pronto. El ansiado cambio no llegó y el gobernador activó las mañas que aprendió en los 33 años de militancia en el PRI, partido por el que fue líder agrario, diputado local, diputado federal, funcionario estatal, funcionario en otros estados y alcalde. 

El gobernador no escarmienta: a la compra fraudulenta de 200 mil cobijas se le siguen sumando más acciones indebidas. Esta designación de Jesús Hernández en la Subsecretaría de Educación huele a corrupción. Ojalá nos equivoquemos. Por el bien de Nuevo León, esperemos no ver a ese megasubsecretario subiendo a su camioneta alforjas llenas de dinero para llevarlas a algún extraño destino y esperemos que la dependencia educativa no vaya a ser saqueada. 






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