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Olivia Martínez Valenzuela
Política

A la obra, Obrador: en el país y en Nuevo León

Miércoles 05 de Diciembre 2018

Olivia Martínez Valenzuela

México asistió el sábado, parece, al funeral de viejo régimen para emprender, según la promesa, la cuarta transformación después de la Independencia, de la Reforma y de la Revolución. Termina, suponemos, la era del neoliberalismo del PRIAN. Y comienza la era de Andrés Manuel López Obrador, un político de izquierda que perseveró y alcanzó, en un tercer intento, la presidencia del país.

Se dice que no es alternancia, sino cambio de régimen. Adelante. La campaña ya terminó y el discurso belicoso debe pasar a la hoguera. Lo que sigue es trabajar para cumplir el viejo anhelo social que se resume en seguridad, erradicación de la pobreza, crecimiento con bienestar, atención a los más vulnerables, justicia, el fin de la corrupción y de la impunidad, y el inicio de la ética y de la austeridad en el oficio gubernamental.

Ya lo dijo el nuevo presidente de México: en julio del 2021 consultará la revocación de mandato para ver si se queda o se va. No debe haber vuelta atrás. ¿Expresidentes al banquillo? Ya dio a entender que no, aunque la decisión final puede achacársela a lo que ya está de moda: las consultas ciudadanas.

Por lo pronto, ya comenzó a aplicarse en el tema de los migrantes. Anunció la educación gratuita, el aumento a la pensión de los adultos mayores, instituirá los apoyos a la niñez con capacidades diferentes y las becas para estudiantes, ya puso en venta el avión presidencial, avanzará en la cancelación del nuevo Aeropuerto, terminará con las megapensiones a sus antecesores y abrió a la sociedad la residencia de Los Pinos jubilándola como hogar presidencial.  

Lo que nos interesa es que le vaya bien al país. Y por lo que hace a nuestro estado, que le haga justicia a Nuevo León, sobre todo porque en los tres años de Jaime Rodríguez Calderón como gobernador, la Federación nos ninguneó disminuyendo en un 50 por ciento los apoyos a esta entidad tan estratégica que es motor del país. ¿Y el gobernador? Ni se  enteró por andar en la grilla electoral y solapando la corrupción y la negligencia de su gobierno. 

Vuelcos del tiempo y de las circunstancias para López Obrador: antes el Congreso lo intentó desaforar, ahora el Congreso fue sede de su toma de protesta. Y para la historia queda la magna concentración popular, nunca antes vista, para apoyar la llegada de un presidente: una multitud apoteósica, pero esta vez genuina.

Sus retos inmediatos: jubilar el estilo incendiario en su discurso, conjurar su vocación populista, calmar a los mercados financieros, vigilar al gabinete y comenzar a predicar con el ejemplo de no robar, no mentir y no traicionar. También moderar sus apetitos de poder: justicia en lugar de venganza. Lo sabemos: todos los presidentes llevan dentro un dinosaurio. Esperemos que el que cohabita en él se duerma eternamente y no despierte jamás.

Por el bien de México y de Nuevo León, deseamos que se haga realidad la esperanza del cambio para bien. Obrador debe hacer honor a las primeras cuatro letras de su segundo apellido y poner manos a la obra. Porque una cosa es el candidato. Otra cosa es el político. Y una cosa muy diferente es el gobernante. Los mexicanos no merecemos esta política mezquina del gatopardo, en la que todo cambia para que todo siga igual. Y ojalá que con AMLO no asistamos al ritual sexenal de Muerto el Rey, que Viva el Nuevo Rey.


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